Costa Este de Canadá en 10 días

Cuando estaba organizando mi viaje de 10 días a la Costa Este de Canadá me costó muchísimo encontrar información detallada de esta zona. Aunque pensaba que Canadá era un país que visitaba muchísima gente cada año, los blogs de viaje que siempre consulto ofrecían poca o ninguna información sobre el tema. La decisión de ir a Canadá fue improvisada, ya que me llegó por email una oferta de Skyscanner de un vuelo Madrid – Montreal – Madrid por 390€, pero como queríamos hacer ruta y no tener que volver a Montreal a coger el vuelo de vuelta, conseguí un vuelo de Delta Airlines Madrid – Montreal / Toronto – Madrid por 416€, un chollo. He de decir que los vuelos no fueron los más cómodos (a la ida estaba operado por KLM y a la vuelta por Air France, con quien tuvimos muy mala experiencia), pero el precio estaba muy bien y mereció totalmente la pena.

Hotel Le Chateau Frontenac en Quebec (‘El hotel más fotografiado del mundo’)

Una vez que tuve los billetes comprados me puse a organizar la ruta, así que armándome de paciencia, webs de turismo de Canadá, vídeos de Callejeros Viajeros y Españoles por el mundo, Google Maps y la Guía Lonely Planet, conseguí hacer un itinerario de 10 días para un viaje con mis padres y mi hermana.

Unos meses después de mi vuelta apareció en mis manos un catálogo de Viajes El Corte Inglés que ofrecía viajes organizados a la Costa Este de Canadá y que tenían prácticamente el mismo itinerario, pero un precio bastante más elevado, así que Carla 1 – viajes organizados 0.

La Costa Este de Canadá en 10 días:

  • La Ruta
  • Datos a tener en cuenta
  • Las grandes ciudades:
    1. Montreal
    2. Quebec
    3. Toronto
  • Naturaleza y más en la Costa Este:
    1. Cataratas de Montmorency
    2. Parc Omega
    3. Cataratas del Niágara
    4. Niagara-on-the-Lake
    5. Mont Tremblant

LA RUTA:

Teníamos apenas 10 días y queríamos verlo todo, pero la época en la que fuimos (Semana Santa de 2017, en abril), tenía bastantes pegas. Por un lado, no podíamos ir a ver ballenas en libertad o hacer el Crucero de las 1000 Islas porque íbamos demasiado pronto y aún no ofrecían excursiones. Y por otro, no podíamos hacer un viaje en trineo tirado por perros porque para abril la nieve ya se está derritiendo y dejan de ofrecerlo. Así que, con estos bajones iniciales, nos dispusimos a organizarnos la ruta.

  • Viernes 7 de abril: Vuelo Madrid – Montreal con escala de 8 horas en Amsterdam (escala que, obviamente, aprovechamos para darnos un paseo por la ciudad). Llegada a Montreal por la noche
  • Sábado 8 de abril: Montreal
  • Domingo 9 de abril: Montreal por la mañana – coche de alquiler y rumbo a Quebec (unas 3 horas de trayecto). Llegada a Quebec por la tarde-noche
  • Lunes 10 de abril: Quebec
  • Martes 11 de abril: Cataratas Montmorency por la mañana y Quebec por la tarde
  • Miércoles 12 de abril: Después de desayunar, cogimos el coche y pusimos rumbo a Parc Omega (a casi 4 horas de Quebec). Pasamos el día en Parc Omega y por la tarde nos fuimos a Mont Tremblant (aproximadamente 1 hora de trayecto desde el parque)
  • Jueves 13 de abril: Por la mañana paseamos un poco por Mont Tremblant y de ahí cogimos el coche hasta Ottawa (aproximadamente unas 2 horas). Devolvimos el coche en Ottawa, cogimos un taxi que durante una hora más o menos nos dio una vuelta por los lugares más destacados de la capital y de ahí cogimos un tren rumbo a Toronto (unas 4 horas de trayecto en tren)
  • Viernes 14 de abril: Toronto
  • Sábado 15 de abril: Toronto por la mañana – coche de alquiler y rumbo a las Cataratas del Niágara a mediodía (a menos de 2 horas en coche). Por la tarde vimos las cataratas, cruzamos al lado estadounidense y antes de anochecer nos fuimos a Niagara-on-the-Lake, donde pasaríamos la noche
  • Domingo 16 de abril: Niagara-on-the-Lake por la mañana, comida y rumbo al aeropuerto de Toronto donde teníamos que estar a las 16.00 para coger un vuelo Toronto – Madrid con escala en París
  • Lunes 17 de abril: Llegada a Madrid e inicio de la depresión post-vacacional
Yonge Dundas Square, en Toronto

En este viaje cogimos vuelos, trenes, coche de alquiler, barcos y caminamos una barbaridad. En 9 noches dormimos en 5 alojamientos diferentes: 2 noches en un apartamento de Montreal (Spacious Apartment – Downtown Montreal), 3 noches en un hotel de Quebec (Fairmont Le Chateau Frontenac), 1 noche en un hotel-apartamento de Mont Tremblant (Lodge de la Montagne), 2 noches en un apartamento de Toronto (Skydome Condo Central Location) y 1 noche en un bed & breakfast de Niagara-on-the-Lake (Mary Street Bed & Breakfast). Las reservas las hicimos con airbnb para los apartamentos y con Booking para los hoteles.

Aunque creo que la ruta fue muy acertada, una vez que volvimos cambiaría dos cosas:

  1. Le quitaría 1 día (o al menos medio) a Quebec y se lo daría a Toronto. Aunque Quebec es una ciudad preciosa, se puede ver en un día, y Toronto en cambio es más grande de lo que parece, por lo que nos tuvimos que dejar cosas sin ver
  2. No dormiría en Mont Tremblant y lo cambiaría por dormir en Ottawa y poder conocer algo más de la capital, aunque fuera durante medio día

He de decir que Canadá ha sido uno de los viajes de los que he vuelto con mejor sabor de boca, sabía que era un viaje que me iba a gustar mucho, pero no pensé que tanto. Todo era mejor que como lo esperaba: las ciudades, la naturaleza, la amabilidad de la gente, el ambiente que se respira… En general es un viaje del que no me ha decepcionado nada.

Las Cataratas del Niágara, en la provincia de Ontario

LAS GRANDES CIUDADES:

Por logística tuvimos que saltarnos Ottawa que, a pesar de ser la capital, no es la ciudad más bonita de la zona. Sin embargo, como teníamos algo de tiempo entre devolver el coche en Ottawa y la salida de nuestro tren, cogimos un taxi que nos llevó durante una hora por los lugares más destacados de la ciudad. Nos hubiera encantado quedarnos más tiempo, pero no fue posible. Como curiosidad, el día anterior Justin Trudeau le había otorgado a Malala la ciudadanía honorífica de Canadá, así que las zonas de alrededor del Parlamento estaban llenas de policía y prensa.

Montreal:

Plaçe Saint Louis, en el barrio de Le Plateau – Mont Royal, en Montreal

Aunque no es, ni mucho menos, la ciudad más bonita de Canadá, me sorprendió muy gratamente y reconozco que me gustó más de lo que me esperaba. Me pareció una ciudad que mezcla muy bien la tradición y la modernidad y con mucho que descubrir. Nos alojamos en un apartamento de 2 habitaciones maravilloso y bastante céntrico, aunque muy cuesta arriba, y salvo un par de buses y de trayectos en metro y un taxi, nos movimos por la ciudad caminando.

Habitat 67, en Montreal

Una gran ventaja del transporte en Montreal es que el billete del autobús que te lleva del aeropuerto al centro te sirve durante 24 horas, así que puedes utilizar transporte público durante el día siguiente por el mismo precio. Eso sí, hay que tener en cuenta que el importe a pagar al conductor debe ser exacto, por lo que es mejor comprarlo en las máquinas del aeropuerto y no en el propio autobús.

Rue Duluth, en el Barrio de Le Plateau – Mont Royal, en Montreal

Los puntos fuertes de Montreal son: Barrio de Vieux Montreal (a orillas del río San Lorenzo, con sus calles empedradas y sus casas bajas, que contrastan con los rascacielos que dominan la ciudad), la Plaçe de les Armes, donde se ubica la Catedral de Notre Dame (donde se casó Celine Dion), Barrio del Vieux Port (como su nombre indica, el barrio antiguo en la zona del puerto), Barrio de Le Plateau – Mont Royal (el barrio hipster de la ciudad, con sus preciosas casas de colores, sus parques, sus restaurantes de moda y sus calles con murales), Habitat 67 (para los amantes de la arquitectura), Oratorio de St. Joseph, subir al Mont-Royal(con unas estupendas vistas de la ciudad que nosotros nos perdimos porque aún estaba nevado y para mi padre era complicado subir), el Estadio Olímpico (que sólo vimos por fuera), el Biodome (una grata sorpresa, con 4 hábitats naturales con su fauna y sus flora) y, si hubiéramos tenido tiempo, me hubiera encantado visitar el Circuito Gilles Villeneuve de Formula 1 en la Île de Notre Dame.

También es un must pasear por la ciudad subterránea (conocida como RESO), con 32 km de calles y locales de ocio (tiendas, cines, restaurantes, etc) bajo la ciudad, indispensable en un lugar donde en invierno las temperaturas medias son entre -2ºC y -9ºC. Y no olvidéis probar la Poutine, ¡el plato típico de Montreal!

Quebec:

Vistas de Le Chateau Frontenac y la Basse Ville, en Quebec, desde el ferry a Levis

Es, literalmente, una ciudad de cuento. Según nos íbamos acercando con el coche, las casas que hay en las afueras ya nos enamoraron y cuando entramos en la ciudad en sí, con el Hotel Le Chateau Frontenac de frente, nos terminó de conquistar. Como mis padres pagaron los alojamientos de todo el viaje, mi hermana y yo les / nos regalamos las 3 noches en ese hotel; nos salió carísimo pero mereció la pena, es un hotel impresionante, la ubicación es perfecta y, para los amantes de los animales, tienen un perro viviendo en el hotel que tiene la categoría de botones y al que los clientes pueden acariciar.

Place Royale, en Quebec

Quebec, que recuerda a cualquier ciudad francesa, se ve en un día, es muy pequeña, y está separada en dos zonas, Basse Ville y Haute Ville, que se unen mediante un funicular o unas escaleras que salen de la Terrasse Dufferin, justo a los pies del Chateau. Es una ciudad muy europea y para mí es la que tiene más encanto de todas las que vimos, con sus edificios bajos, sus negocios locales, sus calles empedradas… A pesar de que era abril, tuve la sensación de que era una ciudad muy navideña, por la nieve, las tiendas de artesanía… Ir en Navidad tiene que ser espectacular.

Rue Sous le Fort, en Quebec

En Quebec no te puedes perder: el hotel Le Chateau Frontenac, la Terrasse Dufferin, las murallas de La Citadelle (ya que Quebec es la única ciudad amurallada al norte de México), las Llanuras de Abraham, el Quartier Le Petit Champlain (con sus tiendas de artesanía y sus edificios pintorescos), la Plaçe Royale, la Basílica de Notre-Dame de Quebec… Y es un must ver Quebec desde la vecina población de Levis (puedes cruzar el río San Lorenzo con un ferry que se coge al lado del Quartier Petit Champlain). El trayecto dura unos 10-15 minutos y las vistas de la ciudad son impresionantes, tanto desde el propio ferry como desde la otra orilla.

Toronto:

Nathan Phillips Square, en Toronto

Esta opinión es muy subjetiva, pero a mi Toronto me fascinó. Yo soy una enamorada de Nueva York y, salvando las distancias, Toronto me pareció un Nueva York más pequeño, más civilizado y, sobre todo, más barato. Rascacielos por todas partes, luces, mucha gente en la calle, un clima mucho más benévolo que en las ciudades del Norte… Y es bien sabido que muchas películas se han rodado en Toronto ‘imitando’ a Nueva York… Nos alojamos en un apartamento a apenas 10 minutos andando de Union Station (a donde llegamos en tren) y prácticamente enfrente de la CN Tower), no podíamos estar mejor situados.

Vista de la CN Tower, en Toronto

A estas alturas del viaje mi padre (que con sus 75 años y su bastón aguantó el viaje como un jabato) estaba ya agotado, por lo que optamos por un bus Hop on – hop off para recorrer los principales sitios de la ciudad. Sin embargo, nos dejamos cosas por ver y hacer, como subir a la Torre CN o visitar las Toronto Islands. Esto último me dio mucha pena porque creo que son un must al visitar la ciudad, pero bueno, eso significa que tendré que volver…

Old Distillery District, en Toronto

Los imprescindibles de Toronto son: ver la CN Tower y el Rogers Centre (por dentro o por fuera), cruzar con el ferry hasta el parque de las Toronto Islands para disfrutar de una preciosa vista de la ciudad, visitar el Mercado de Saint Lawrence, pasear por Yongue Street (la calle más larga del mundo, con 86 km de largo), descubrir el pequeño Times Square que es Yonge Dundas Square (¿y por qué no?, hacer unas compras por la zona), alejarnos del centro para conocer Casa Loma (imprescindible para fans de X-Men), visitar, aunque sea por fuera, la Universidad de Toronto (que ha hecho de Harvard y Yale en muchas películas), llegar hasta The Distillery Historic District (una especie de Metpacking District que se hizo en torno a antiguas destilerías y en el que locales y turistas disfrutan de comer y beber en sus terrazas, comprar en tiendas de artesanía y pasear entre edificios antiguos), fotografiar el Gooderham building (porque aquí tienen su propio Flatiron) y, si se puede, disfrutar de un partido de hockey.

NATURALEZA Y MÁS EN LA COSTA ESTE:

Como comentaba, tuvimos que dejar muchas cosas fuera del viaje, bien por falta de tiempo, por lejanía o simplemente porque no era la época. Pero no queríamos volver de Canadá sin haber disfrutado de parte de su naturaleza.

Cataratas de Montmorency:

A apenas 20 minutos en coche desde Quebec está uno de los sitios más increíbles que vimos en nuestro viaje. El Parc de la Chute Montmorency tiene una catarata de 83 metros de altura (30 más que las del Niágara) y, aunque no es muy ancha, su altura hace que sea impresionante. La visita es un imprescindible en la ciudad de Quebec. Nosotros tuvimos la buena o mala suerte de verlo prácticamente congelado. Buena porque la sensación del ver el agua cayendo sobre bloques de hielo es algo que no habíamos visto nunca y mala porque al estar nevado no pudimos subir por las escaleras para llegar caminando hasta el mirador de arriba, aparte del hecho de que hacía muchísimo frío. Si viajáis en invierno y os encontráis las escaleras cerradas, que sepáis que el parque tiene dos zonas de aparcamiento: una en la parte de abajo de la catarata, donde el río Montmorency desemboca en el río San Lorenzo y desde donde las vistas de la catarata son las más bonitas, y otra en la parte de arriba, desde donde puedes llegar al puente que cruza el río y ver (y escuchar) la catarata desde arriba. El parking en teoría es de pago, pero no sé si por ser invierno o por llegar muy temprano por la mañana, nosotros no pagamos en ninguno de los dos. Durante el verano, esta zona ofrece muchas actividades, aparte de subir a los miradores, tienen tirolina, un teleférico…, pero en invierno está bastante ‘muerto’. Aun así, creo que ver la nieve, el río congelado y los bloques de hielo que se iban erosionando a medida que caía el agua, compensó el no poder disfrutar de otras actividades.

Parc Omega:

 

Esta parte del viaje era una de la que más ilusión me hacía. Parc Omega es una especie de safari en coche con animales propios de la fauna canadiense. Después de un buen desayuno en Quebec, cogimos el coche y pusimos rumbo a Parc Omega, un trayecto de 4 horas en coche por paisajes naturales, bosques, ríos, pueblos pequeños con casas al borde del lago… Cuando llegas a Parc Omega puedes pasar al Centro de visitantes, donde te dan un plano del parque y donde puedes comprar zanahorias para alimentar a algunos animales. Hay que tener en cuenta que, a pesar de que están ‘encerrados’, los animales son salvajes y viven prácticamente en libertad, por lo que hay que tener cuidado con ellos: si bajas mucho la ventanilla del coche y te descuidas los ciervos prácticamente se te meten dentro, las cabras montesas te plantan las patas delanteras con mucha fuerza en la ventanilla y la puerta del coche, e incluso al coche de delante ¡se le subió una cabra al techo! Además, hay que tener cuidado con el coche porque los animales están en su territorio y se te plantan delante y no se mueven, por lo que cuesta ir avanzando poco a poco para conseguir pasar sin hacerles daño… En todo el trayecto está prohibido bajarse del coche, salvo en las zonas habilitadas. Si quieres, puedes pasarte horas en el parque, ya que puedes volver a repetir el mismo recorrido una vez que terminas. Nosotros no lo hicimos, ya que teníamos que poner rumbo a nuestro siguiente destino, pero no nos hubiera importado, ya que nunca habíamos visto a muchos de los animales que tienen allí: ciervos, lobos, zorros árticos, osos pardos, alces, renos, jabalíes, cabras montesas, bisontes, renos…

Mont Tremblant:

 

Había visto fotos de este pueblo y me había enamorado, así que como estaba cerca de Parc Omega, optamos por pasar la noche allí para poner rumbo a Ottawa al día siguiente. Mont Tremblant (no confundir con Mont Tremblant Village) es un pueblecito a los pies de la montaña del mismo nombre y a orillas de un lago. Lo cierto es que, una vez allí, no nos pareció la decisión más acertada porque, aunque efectivamente es un pueblo mono, es muy artificial y está enfocado casi en exclusiva al esquí, por lo que si no vas a esquiar, las opciones de ocio y de turismo son bastante limitadas. Aun así, disfrutamos de estar rodeados de naturaleza (montañas, lago, bosque…) durante unas horas antes de poner rumbo a Ottawa.

Cataratas del Niágara:

 

Son uno de los principales reclamos de Canadá y, aunque yo ya las conocía por haber ido desde Nueva York hace años, no había excusa para no volver. Lo primero que quiero aclarar es que quien se espere sólo naturaleza se va a llevar una gran decepción, la orilla canadiense de las cataratas es una mezcla entre un parque de atracciones y un Las Vegas versión canadiense: casinos, hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs invaden sus calles y recuerdo cómo mi madre se horrorizó al ver esto cuando ella se imaginaba algo mucho más idílico. Está claro que hay que hacer dinero, pero en mi opinión la orilla americana ha preservado mucho mejor el paraje natural. Eso sí, hay que conocer las vistas desde el lado canadiense porque son muchísimo mejores que desde el americano. Así que una vez que tu mente ha olvidado el horror de lo que rodea a las cataratas, puedes disfrutar de unas vistas increíbles. En el mismo río Niágara, ambas orillas ofrecen numerosas actividades: tirolina, un paseo por detrás de la carataras, un tour en barco por el río acercándote lo máximo posible a las cascadas… Ese tour lo he hecho dos veces, una desde USA (en el ‘Maid of the Mist’, donde los chubasqueros son de color azul) y la otra desde Canadá (en el ‘Hornblower’, donde son rojos). El trayecto es prácticamente el mismo y el chubasquero te lo dan gratis, pero aun así, prepárate para empaparte porque te cae agua desde todas las direcciones posibles. Es verdad que cuando te acercas a las cataratas prácticamente no ves nada, y yo que llevo gafas, menos todavía (se mojan y se empañan), pero estar tan cerca y escuchar el rugido del agua merece muchísimo la pena.

Niagara-on-the-Lake:

Este pueblo a orillas del lago Ontario fue una de las grandes sorpresas del viaje. No queríamos alojarnos en plenas cataratas, así que preferimos alejarnos a una media hora a un pueblo que ya sólo con las fotos que habíamos visto, nos había conquistado. Y fue una decisión inmejorable. Nos alojamos en Mary Street Bed & Breakfast, una casita encantadora de 3 habitaciones en el que había otra pareja alojada para una boda, por lo que a la hora del desayuno ellos dormían la mona mientras Jaime, la dueña, nos preparó un desayuno para chuparse los dedos (incluido en el precio): zumo de naranja natural, yogurt casero con frutos rojos, scones y mermelada también caseros, huevos benedict… Incluso puedes comprar su mermelada (4 botes nos llevamos). Ya con la pena de que esa tarde teníamos que estar en el aeropuerto de Toronto a las 16.00, nos fuimos a conocer el pueblo y nos enamoró. Es como si se hubiera quedado anclado en los años 50, casitas de madera, jardines bien cuidados, parques, el impresionante lago Ontario (que bien podría ser el mar porque no ves la otra orilla, donde se encuentra Toronto), tiendas de artesanía, pastelerías, bodegas, restaurantes, todo rodeado de una tranquilidad que hizo de nuestro último día en Canadá uno de los mejores del viaje. Si hubiéramos tenido más tiempo nos hubiera encantado hacer un tour por los viñedos de la zona, pero aun sin eso, la visita a este pueblo fue un acierto.

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¿Conocéis Canadá?, ¿no os parece un país increíble? Espero que con este post os haya convencido un poco de visitarlo, porque de verdad que merece muchísimo la pena. Tanto si lo habéis visitado como si estáis corriendo a abrir la web de Skyscanner para buscar ofertas de vuelos, me encantaría que me dejarais vuestros comentarios.

¡Gracias por leerme!

4 thoughts on “Costa Este de Canadá en 10 días

  1. ¡¡Carla!! Un post genial ¡me ha encantado!
    Sinceramente nunca me había llamado mucho la atención Canadá, no conocía practicamente nada y tampoco me lo había planteado como posible destino a corto-medio plazo, ¡pero tu post ha hecho que me entren muchas ganas de ir, gracias!
    Esperando tu siguiente entrada 🙂

  2. Carla me encanta! tengo ganas de hincar el diente a Canadá y hacer esta ruta, si algún día me animo (2019) te pediré que me la adaptes a 2 semanas 🙂

    1. Te va a encantar!! Y si tienes dos semanas mejor aún, podrás ver muchas más cosas, que a mi se me quedó corto!! Y por supuesto, pregunta todo lo que quieras!! <3

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