Cuando viajar era para valientes

Ahora viajar es facilísimo: buscadores de vuelos como Skyscanner, comparadores de hoteles, intercambio de casas, couchsurfing, alquiler de habitaciones en apartamentos con Airbnb, medios de transporte alternativos como Bla bla car… ¡Es una gozada! Cuando yo empecé a viajar no era tan fácil… No os penséis que soy la abuela cebolleta, que ya tenía móvil e internet cuando empecé a viajar, pero es que llevo la friolera de 14 años viajando por mi cuenta y, claro, en 14 años os podéis imaginar cómo han cambiado las cosas… Eso por no hablar de cómo era viajar en familia cuando era más pequeña…

Cuando yo empecé a viajar era todo muy diferente:

  • Reservabas los viajes en una agencia de viajes. Sí, ese negocio que ahora está casi relegado a viajes exclusivos, Lunas de Miel o gente de la tercera edad que ya no está para organizar nada. Entonces ibas allí, comprabas los billetes de avión o de tren y reservabas el hotel sin haberlo visto más que en un catálogo y sin saber las opiniones de otros viajeros. Luego ya empezaron a vender billetes y reservas de hoteles online y todo cambió, pero al principio eran muy pocas páginas y no había mucho donde elegir…
  • Necesitabas el pasaporte para moverte por Europa. A los jóvenes os puede sonar muy lejano, pero hasta 1995 hasta para viajar al sur de Francia necesitabas el pasaporte y era mucho más fácil ir consiguiendo sellos a medida que cruzabas fronteras. Ahora puedes ir a casi cualquier país de Europa sólo con el dni (es más, yo he volado de Oslo a Estocolmo sin que me lo pidieran en ningún momento) y se ha perdido un poco la magia
  • ¿Euro?, ¿eso qué es? Ahora puedes salir de España sin pasaporte y sin cambiar moneda, pero hasta 2002 había que cambiar moneda para viajar a todos los países de Europa (algo que ahora ocurre sólo con algunos pocos). Francos, coronas, liras, florines, marcos, escudos…, cualquier viaje implicaba cambiar pesetas a una moneda extranjera, y no había nada más emocionante que luego coleccionar las monedas que sobraban
  • Además, no existían los conversores de moneda, así que o bien memorizabas los principales cambios y hacías una regla de tres o bien llevabas el cambio en un papelito metido en la cartera
  • Si hacías un viaje sin alojamientos reservados, como el Interrail, cargabas con la “Guía del alberguista internacional”, que era la app de Booking del momento, y llamabas a varios hoteles para ver cuál tenía disponibilidad para esa noche 
  • De hecho, también cargabas con la guía Lonely Planet o National Geographic todo el día, porque no existían los blogs de viajes para llevarlo todo estudiado y no tenías internet en el móvil para saber lo que querías visitar. Reconoces que tardaste un par de viajes en descubrir que lo ideal era fotocopiar las páginas que te interesaban para luego ir tirándolas
  • Lo primero que hacías al llegar a tu hotel / albergue era coger un plano, porque antes de llegar al destino no eras ni consciente de si tu alojamiento estaba al norte o al sur de la ciudad. El plano se convertía en tu mejor amigo durante todo el viaje, y perderlo implicaba tener que preguntar a alguien por la calle
  • Porque si, por aquel entonces se preguntaba a la gente por la calle, Google Maps no existía ni en nuestra imaginación 
  • Tampoco existían las aerolíneas lowcost y volar implicaba comer y beber gratis, incluso en vuelos de 40 minutos
  • Además, se podía fumar en los aviones. Puede sonar a coña, pero cuando reservé mi primer vuelo con amigas a Londres nos preguntaron si queríamos asientos de fumador o no fumador. Los asientos de fumadores eran los de las últimas filas y no sabéis lo horrible que era. También se podía fumar entre los vagones de los trenes, donde nos pasamos horas en los trayectos de interrail
  • Si viajabas con amigos, te llevabas comida desde casa. Es como si salir al extranjero implicara no poder alimentarte como una persona normal, por lo que tu maleta iba bien surtida de embutido envasado al vacío y alguna lata de conservas. En mi primer viaje recuerdo llevar un fuet, un bote de aceitunas y una tortilla de patatas de la madre de mi amiga Marta. ¿Os preguntáis que cómo cortábamos el fuet?, pues con un cuchillo, que también llevabámos en el macuto 
  • Cuando ibas en avión no tenías que quitarte los zapatos, el cinturón, el reloj y hasta el diente de oro. Además, llevabas la maleta llena de “porsiacasos”, porque no concebías lo de viajar sólo con equipaje de mano y lo facturabas todo. Incluido el bote de gel de 1 litro, porque tampoco existían los botes pequeños
  • Usabas las cabinas de teléfono para llamar a casa. Nadie se atrevía a usar el móvil para llamar desde el extranjero, eso era carísimo y estaba reservado para el momento en el que te estabas muriendo y necesitabas repatriación de cadáver
  • Además, llamabas a cobro revertido, porque tú eras pobre y tus padres no 
  • Volvías de los viajes con la mitad de fotos que ahora. ¿Qué digo la mitad?, ni una vigésima parte. Una foto de la Torre Eiffel, otra del Louvre y si querías un recuerdo de la Gioconda te comprabas una postal. No existía la cultura del selfie, si acaso lo llamábamos autofoto y en un 90% de las veces la foto salía mal y sólo salía media cabeza de la mayoría de la gente
  • Yo recuerdo mis primeros viajes con cámara desechable (1 o 2 dependiendo de la duración del viaje) y pedirle a alguien que te hiciera una foto era vivir en tensión hasta que volvías a casa y podías revelarla, sólo para descubrir que ese señor valoraba mucho más el suelo de Londres que el Big Ben.
  • Si viajabas en familia, quizá tu padre tenía una cámara Reflex y podías disfrutar de fotos decentes a tu vuelta. Si tenías suerte, había una cámara digital familiar que te prestaban en algún viaje. Yo compré mi primera cámara digital en 2007 en New York, cuando llevaba ya 4 años viajando, así que mis recuerdos fotográficos de ciudades como Berlín, Bruselas, Praga o de mi viaje a la Riviera Maya son tan difusos como mis recuerdos mentales. No sabéis las ganas que tiene uno de volver a visitar sitios que visitó hace ya más de 10 años…
  • Llevabas pilas para la cámara en la mochila o maleta. Y si eras muy pro y usabas pilas recargables, llevabas el cargador
  • Si te ibas 2 o 3 días lo que no te llevabas era el cargador del móvil, porque era imposible que se te descargara. De hecho, te dejabas el móvil en el hotel, porque no ibas a llamar a nadie y podías ir living la vida loca por las calles de Praga sin preocuparte de estar incomunicada

Seguro que si lleváis muchos años viajando habéis vivido algunas de estas cosas, y me encantaría que me lo contarais en los comentarios.

Todas las fotos son de Unsplash.

8 thoughts on “Cuando viajar era para valientes

  1. Me encanta tu recopilatiro de que pasa con…es genial, cuando me fui a vivir a Londres hace 11 años me llevé 4 litros de aceite de oliva del bueno xq allí era muy caro..tela tela, mi madre me escribía cartas…toma que tomaaa, si llevabas cargador de pilas eras una moderna…Jajajaja en fin ha sido un gran remenber😘😘

  2. Jajaja memetoa!!!
    Muchas veces me pregunto … cómo se viajaba antes?!?!?
    Ni primer viaje en avión fue en 2002 cuantica me vine a España y por suerte no fumaba nadie. Qué horror, ni me lo imagino!!!!
    Qué recuerdos, no? 😊😊

  3. Me ha encantado. Que pronto es costumbre una a lo bueno. Me imagino que dentro de unos 20 años alguien volverá a escribir es post riéndose de como nosotros reservábamos ☺️

  4. Madre mía, ¡qué recuerdos!
    Todavía me acuerdo de las cámaras de usar y tirar…y ¿qué me dices de cuando las sacaron acuáticas? Eso ya era lo más 😂😂
    Lo de llamar a cobro revertido era un clásico por aquel entonces, daba igual dónde estuvieses…como no había que soltar un duro…😜
    Gran post Carla 😘😘😘

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