Roadtrip de 5 días por la Bretaña Francesa

Siempre he dicho que el puente del 12 de octubre es la última fecha buena para hacer una escapada, salvo que tu propósito sea ir a ver Mercadillos Navideños o pasar la Navidad fuera, claro… En Octubre aún hace buen tiempo, no han cambiado aún la hora, por lo que anochece tarde, y es el momento idóneo para viajar entre las vacaciones de verano y la Navidad. Este año mi escapada de Octubre con mi amiga Paula iba a ser a Copenhague, pero los precios de los vuelos y alojamientos nos hicieron cambiar de planes y acabamos haciendo un road trip de 5 días por la Bretaña Francesa.

Yo había pasado muy rápido por esta zona hace ya 13 años, cuando estuve de Interraíl, y guardaba muy buen recuerdo, así que viendo que había un vuelo barato a Nantes (131€ por persona con Iberia para el puente), compramos el vuelo, alquilamos un coche y nos fuimos para allá.

Lo más idóneo para viajar a Bretaña desde España es volar a Rennes, la capital de la región, pero el vuelo a Nantes era muy barato y apenas está a 1.20 horas en coche de Rennes, por lo que la opción de volar aquí era muy buena. A Nantes no llegamos a ir, ya que si visitábamos esta ciudad, tendríamos que quitar algunos pueblos de la lista. Lo dejaremos para otro viaje más adelante…

Como teníamos pocos días y no podíamos visitar toda la región, decidimos centrarnos en la zona del interior, la que está más cerca de Rennes y Nantes. Nos hubiera encantado conocer Brest, Quimper, las ruinas de Carnac y muchos otros sitios, pero era inviable verlo todo, así que esta ruta es por la mitad oriental de la Bretaña. Me ha gustado tanto que estoy segura de que visitaré la otra mitad en algún momento.

Dinan

La Ruta

  • Miércoles 11 de Octubre: Vuelo Madrid – Nantes, y trayecto en coche de alquiler desde Nantes hasta Rochefort-en-Terre, donde pasamos la primera noche
  • Jueves 12 de Octubre: desde Rochefort-en-Terre hasta Rennes pasamos por Josselin, Malestroit y La Gacilly
  • Viernes 13 de Octubre: desde Rennes fuimos en coche hasta el Mont Saint Michel, Fougères y Vitré
  • Sábado 14 de Octubre: desde Rennes fuimos en coche hasta Saint Malo, Dol-de-Bretagne, Dinan y Bécherel
  • Domingo 15 de Octubre: visitamos Rennes por la mañana y después de comer pusimos rumbo a Nantes, donde teníamos que devolver el coche y coger el vuelo de vuelta a España

Datos a tener en cuenta

  • Aunque nosotras tuvimos mucha suerte con el tiempo, es imprescindible llevar un paraguas o chubasquero, ya que en esta zona las lluvias son muy frecuentes
  • Madrugar, como en cualquier viaje, sólo aporta ventajas. Pudimos tener Rochefort-en-Terre durante un rato prácticamente para nosotras, y en el Mont Saint Michel no tuvimos agobios ni esperas por haber estado allí pronto. Cuando volvíamos con el autobús hacia tierra firme, vimos a muchísima gente yendo hacia allá, y no nos pudimos alegrar más de haber madrugado
  • En muchos sitios no hablan apenas inglés, así que los que habláis francés tendréis una enorme ventaja. Yo recordaba algo del colegio, y entre el inglés y el chapurreo en francés no tuvimos problemas para entendernos, pero es algo que hay que tener en cuenta e ir con paciencia
  • Las crepes saladas se llaman galettes, no os sorprendáis cuando lo veáis en la carta de un restaurante. Las más básicas son las galettes au beurre (de mantequilla), pero las hay también muy elaboradas, así que todo dependerá del hambre que tengáis
  • La señalización es un poco confusa, las carreteras no siempre son buenas y de noche prácticamente ninguna está iluminada
  • En muchos pueblos y ciudades hay baños públicos gratuitos, lo cual es de agradecer cuando llevas todo el día pateando
  • En los pueblos, sobre las 19.00 – 20.00 está todo cerrado, por lo que no podréis entrar en tiendas ni cenar si llegáis más tarde de esa hora
  • Como curiosidad, encontraréis que muchos carteles tienen el nombre del lugar en francés y en bretón (la antigua lengua celta que se hablaba en esta región)

Dormimos en un bed & breakfast en Rochefort-en-Terre y en un hotel-apartamento (habitación con baño y cocina) en Rennes, muy cerca de la estación de tren, ambos reservados con Booking. Alquilamos un coche a través de Rentalcars con la empresa Budget e hicimos casi 800 km en 5 días. Lo bueno de esta región es que es muy pequeña y los trayectos más largos que hicimos no llegaron a 1.30 horas, por lo que no se hacían nada pesados. Y en el caso de que se hubieran hecho, prácticamente todos los pueblos por los que pasamos tenían algo interesante que ver, así que podríamos haber parado a descansar sin problema.

Aun así, la peor parte del viaje fue la de conducir. Se nos estropeó uno de los gps del móvil y sólo teníamos uno, por lo que que si fallaba o se quedaba sin batería, nos quedábamos sin nada. El estado de las carreteras no es el más idóneo, a veces tienes que conducir por carreteras mínimamente asfaltadas, sin arcén y de doble sentido, las señales de indicación de velocidad brillan por su ausencia, y la señalización a veces era un poco confusa. Además, conducir por Rennes es horrible.

A pesar de eso, recomendaría este viaje sin dudarlo, y espero que estas fotos y comentarios os animen a ello.

Pueblos que visitamos en nuestro road trip por la Bretaña Francesa

Rochefort-en-Terre

Rochefort-en-Terre

Fue nuestro primer contacto con la Bretaña y nos enamoró. Es un pueblo de apenas 700 habitantes situado al sur de la región. Mezcla las casitas típicas bretonas con entramado de madera con otras casas de piedra y, a pesar de su pequeño tamaño, tiene muchísimo encanto. Llegamos en coche a las 20.00 y aquello parecía un pueblo fantasma: no había nadie en la calle y estaba todo cerrado, así que nos quedamos sin cenar.

No se puede circular en coche por el centro del pueblo, y nosotras aparcamos en un parking muy cerca de la calle principal, al lado de la escuela del pueblo; es un parking con parquímetro, pero seguro que hay otros lugares gratuitos para aparcar.

A la mañana siguiente desayunamos en la habitación de nuestro bed & breakfast y nos fuimos a recorrer el pueblo. A primera hora prácticamente seguía vacío, por lo que estuvimos paseando, perdiéndonos por sus callecitas y haciendo mil fotos. En un par de horas lo habíamos visto ya 3 veces, así que cogimos el coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino.

Josselin

Josselin

Esta ciudad es una de las joyas de la Bretaña. La tenía en mi lista desde el minuto 1, y desde luego su visita no decepciona, Josselin es una ciudad encantadora. Con su castillo sobre el río Oust y sus casas bretonas, sus calles de adoquines y sus plazas, sus ventanas decoradas con flores, no puede faltar en una ruta por esta región.

Es bastante más grande que el anterior, pero el centro conserva el encanto de los pueblos pequeños, con sus plazas, su iglesia, sus casas de entramado de madera… Además, tiene el castillo de los duques de Rohan, que está abierto al público.

En el centro del pueblo se encuentra la Basílica de Notre-Dame du Roncier, del siglo XI, aunque ha sufrido transformaciones posteriores, y en la misma Plaçe de Notre Dame hay varios restaurantes y creperías para hacer una parada para comer. Aquí conseguimos aparcar en la calle gratis, en una calle residencial antes de entrar al pueblo y de llegar al castillo.

Malestroit

Malestroit

Malestroit ha sido para mí la gran decepción del viaje. No sé si fue el hecho de que, según llegamos a la plaza principal del pueblo, sonaba ‘Despacito’ por unos altavoces, al hecho de que la iglesia estuviera en obras y sólo se vieran andamios, a la publicidad con 2 coches plantados en medio de la plaza… Las fotos que había visto en internet me habían encantado y la realidad fue decepcionante.

Si os animáis a hacer este viaje y os pilla de paso, parad, pero si tenéis otra alternativa, no os lo penséis. Al menos no pagamos el aparcamiento, ya que aparcamos en una calle antes de entrar en el pueblo…

La Gacilly

La Gacilly

Me hacía mucha gracia pasar por el pueblo donde empezó Yves Rocher. Con casi 4000 habitantes, fue el pueblo más grande que visitamos ese día, pero a pesar de su gran tamaño, mantiene el encanto de un pueblo pequeño de la región. Llegamos desde Malestroit y encontramos sitio para aparcar gratis, al lado de un parque justo al entrar en el pueblo. No ha sido uno de mis favoritos, pero su canal, sus casas de piedra con flores, sus puertas y ventanas de colores, lo convierten en una buena parada en un roadtrip por esta zona.

En sus estrechas calles podréis encontrar artesanos de todo tipo: fabricantes de marionetas, diseñadores de joyas, ceramistas, sopladores de vidrio… El ambiente artístico se respira en todo el pueblo, en la decoración de las casas, los grafitis de las calles, las tiendas de artesanía…

Además, entre Junio y Septiembre celebra el mayor festival al aire libre de Francia, y aún pudimos ver algunas fotografías de gran formato adornando los muros de algunos edificios.

Mont Saint Michel

Mont Saint Michel

Aunque pertenece a la región de Normandía, un viaje a la Bretaña no está completo sin una visita a este increíble lugar. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, este islote ha estado disputado entre las regiones de Bretaña y Normandía durante años. Está presidido por la imponente abadía consagrada al arcángel San Miguel, que se rodea de estrechas calles con comercios locales, restaurantes y tiendas de souvenirs (lo que obviamente le hace perder parte de su encanto…). Sin embargo, eso no impide que sea uno de los lugares más visitados de Francia, con 3 millones de visitas anuales.

Para llegar hasta allí en coche sólo tenéis que poner en el gps ‘Parking Mont Saint Michel, Pontorson’; es un parking muy grande y de pago, pero es muy barato. Una vez que lleguéis, aparcáis el coche y buscáis la señalización de los autobuses gratuitos (navettes), que pasan cada pocos minutos y que os dejarán a la altura perfecta de la pasarela para hacer buenas fotos del conjunto.

Tened en cuenta que el acceso al complejo es gratuito, sólo la abadía es de pago. Aunque no entréis en la Abadía, no dejéis de subir hasta arriba, las vistas tanto de los edificios que forman el conjunto como del mar que lo rodea, son espectaculares. Tened en cuenta que dos veces al día las mareas suben hasta 15 metros, así que echad un vistazo a la web oficial del Mont Saint Michel para saber cuándo suben.

Fougères

Fougères

Dividida en Ciudad Baja y Ciudad Alta, Fougères es famosa por su imponente castillo medieval, que es la fortaleza más grande de Europa Occidental y que fue clave en la defensa de las fronteras de Bretaña. La Ciudad Baja surgió en torno al castillo, con sus casas de piedra y entramado de madera, sus calles adoquinadas y con la Iglesia de Saint Sulpice, que se encuentra junto a la muralla. Merece mucho la pena pasear por la ciudad baja y caminar por el Jardín Público hasta llegar al castillo, que se puede rodear bordeando la muralla.

De vuelta en el centro de la ciudad, conviene seguir las indicaciones de “Panorama”, que llevan a la Ciudad Alta, más señorial que la baja, presidida por la Iglesia de Saint Leonard y que dispone de un mirador desde el que disfrutar de unas vistas espectaculares del castillo y de la Ciudad Baja. Fougères es de los sitios que más me ha gustado de este viaje, quizá no sea el más bonito, pero es de los más impresionantes y puedes pasarte horas paseando por sus calles o simplemente disfrutando de sus vistas.

Cuando llegamos hasta allí con el coche, en vez de entrar en el centro de la ciudad, aparcamos en un parking justo al lado de la Plaçe Aristide Briand, desde donde puedes caminar a todas las zonas de la ciudad. El parking parecía ser de pago, pero no encontramos ninguna máquina, así que nos hicimos las guiris y no pagamos. Lo bueno es que no nos multaron…

Vitré

Vitré

Dicen de Vitré que es la ciudad más fotogénica de toda la Bretaña. Su castillo con su puente levadizo, la Iglesia de Notre Dame, sus estrellas calles adoquinadas en las que descubres edificios de entramados de madera casi en casa esquina… hacen de ella una ciudad de cuento. En su tiempo fue una ciudad clave para los Duques de Bretaña y hoy está presidida por su imponente castillo.

Tiene un patrimonio cultural muy rico y es una de las ciudades de Bretaña que conserva mejor su aspecto original, lo que le valió el premio de “El más bello rincón de Francia”.

Pasear por sus calles es entrar en un paraíso para los amantes de la arquitectura, son muchísimas las casas con entramado de madera y las posibilidades de hacer buenas fotos son infinitas. Si queréis encontrar la postal típica, tenéis que ir a las casas de la Plaçe Saint Yves con el castillo del fondo, no os la podéis perder. Además, tuvimos suerte y aparcamos en una calle justo a la entrada del pueblo, y de manera gratuita.

Saint-Malo

Saint-Malo

Con su centro histórico amurallado, Saint-Malo es una parada imprescindible en cualquier ruta por la Bretaña. Intramuros es el nombre que recibe la ciudad amurallada, que merece la pena visitar tanto desde abajo (entrando por alguna de sus puertas) como desde arriba de la muralla.

Este día fue el que peor tiempo tuvimos, amanecimos con muchísima niebla, que no se fue hasta casi mediodía, por lo que no pudimos disfrutar de las vistas que ofrece el paseo por la muralla. Aun así, pudimos aprovechar para pasear por su casco histórico, donde la niebla no estaba tan baja y las vistas eran mejores.

En cualquier caso, y como no hay mal que por bien no venga, aprovechamos la niebla para hacer unas fotos de lo más originales, ¿veis el final del dique?, ¡nosotras no lo llegamos a ver en ningún momento! Si la visitáis en verano, y el tiempo acompaña, seguro que podéis disfrutar de alguna de sus playas o incluso acercaros caminando a las islas de Petit Bé y Grand Bé cuando haya marea baja.

Si llegáis a Saint-Malo en coche, tened en cuenta que no podréis aparcar en Intramuros, así que aprovechad que la ciudad tiene varios parkings fuera de la muralla y dejad el coche ahí por unas horas. Son de pago, pero no son caros, y os ahorraréis la complicación de tener que meter el coche en el centro.

Dol-de-Bretagne

Dol-de-Bretagne

Cuando hice el interraíl hace 13 años pasamos una noche en este pueblo y recordaba haber cenado una galette de queso y huevo buenísima en una pequeña creperie de la calle principal. Apenas vimos más que eso, pero la ciudad me pareció encantadora. Quizá fue el haberla visto de noche entonces y volverla a ver ahora durante el día, pero lo cierto es que me decepcionó bastante, no era como yo la recordaba.

La Grand Rue de este pueblo cercano a Saint-Malo está plagada de preciosas casitas de entramado de madera, cuyos bajos están llenos de tiendas y restaurantes, perdiendo gran parte de su encanto. Además, según llegamos estaban desmontando el mercadillo del sábado por la mañana, por lo que estaba lleno de puestos, furgonetas y coches.

Dimos un paseo por esa calle principal, cominos y, tras ver la catedral de Saint-Sansom por fuera, nos dirigimos al coche para visitar el menhir de Champ Dolent, que se encuentra a apenas 2 kilómetros del pueblo. Con sus casi 9,5 de altura, es el menhir más alto de toda Bretaña, y merece totalmente la pena una visita. En cuanto al parking, aparcamos de manera gratuita junto a la catedral, se supone que era de pago, pero de nuevo, no encontramos dónde pagarlo.

Dinan

Dinan

La ciudad de Dinan es una de mis favoritas de este viaje. Situada sobre una colina que domina el Valle del río Rance (que desemboca en Saint-Malo), tiene dos zonas: la parte alta, amurallada, cuyo centro mantiene el encanto de las casas bretonas y las calles adoquinadas, y la zona del puerto, en la parte baja y a orillas del río.

Ante la duda de por dónde empezar (ya que es una ciudad más grande que otros lugares de los que visitamos en este viaje), puedes pasar por la oficina de turismo, donde venden un mapa de la ciudad por 0,20€ en el que aparecen tanto la ruta por el interior de la misma como la que pasa por encima de la muralla. Es de las visitas que más me han gustado de todo lo que vimos, a pesar de que ha sido la ciudad donde más turistas hemos encontrado, ¡hacer una foto decente era casi imposible!

Aun así, es una ciudad de cuento y creo que es una parada indispensable en un roadtrip por esta región: no puedes perderte pasear por sus calles, enamorarte en cada esquina con sus casitas de madera, conocer su castillo medieval (del siglo XIV), pasear por sus murallas y disfrutar de la naturaleza que la rodea, y bajar a la zona del río, en la que nos hubiera encantado tener más tiempo para pasear, pero nos esperaba nuestra siguiente parada…

Bécherel

Bécherel

Este pequeño pueblo de apenas 700 habitantes se convirtió desde finales de los 80 en una de las Ciudades del Libro más famosas de Francia y cada año celebra su Feria del Libro Antiguo. Esto fue lo primero que me llamó la atención de esta localidad al buscar información sobre la Bretaña y pensé que seguro que merecía la pena conocerla. Sin embargo, fue un poco decepcionante, ya que llegamos sobre las 18.30 – 19.00 y todas las tiendas estaban cerradas, apenas había gente en la calle y con un paseo de media hora dimos la vuelta a todo el pueblo.

Seguro que en otro momento del día el ambiente es más animado, y probablemente hubiera podido comprarme un libro de segunda mano, pero llegar tarde a un pueblo tan pequeño hace que lo veas todo muy apagado. A pesar de eso, he de decir que el pueblo es muy bonito, tiene callecitas estrechas con casas decoradas con flores, la Place des Halles con casas de granito medievales, y el Jardín de Thabor, desde el que se puede disfrutar de las vistas de los alrededores del pueblo.

Dimos un paseíto rápido, pero fue una parada agradable antes de volver a nuestra última noche en Rennes. Y aparcamos gratis en la calle principal desde la que veníamos en coche, en una plaza al lado de la oficina de Correos (desde donde salieron un par de postales rumbo a España).

Rennes

Plaçe du Champ Jacquet, en Rennes

La ciudad de Rennes es la capital de la región de Bretaña y es famosa por ser una importante ciudad universitaria (con más de 60.000 estudiantes al año). Con numerosos festivales y eventos artísticos a lo largo del año, es una ciudad joven que además tiene la peculiaridad de ser una de las ciudades más pequeñas del mundo que dispone de metro (aunque no lo llegamos a utilizar, ya que las partes más importantes de la ciudad se encuentran en el centro de la misma y son accesibles a pie).

Dispone además de una estación de tren que la conecta con otros lugares de la Bretaña, haciendo posible una ruta en tren por esta zona, aunque lo cierto es que usar el coche os permite llegar a pueblos que, de otra manera, serían inaccesibles.

A Rennes sólo le dedicamos 3 noches, que apenas fueron para dar un paseo, tomar una cerveza y cenar, y la mañana del domingo, ya que después de comer poníamos rumbo a Nantes para coger el vuelo de vuelta a Madrid. El tiempo fue escaso, pero suficiente para conocer lo básico de la ciudad y descubrir sus grandes contrastes: el casco antiguo alberga casas medievales con entramado de madera, mientras que en la zona más nueva destaca una arquitectura en piedra, material con el que se empezó a construir en la ciudad después de 1720, cuando un incendio destruyó más de 900 edificios medievales.

En el casco antiguo no podéis de dejar de pasear por las siguientes calles y plazas, que albergan las mayoría de edificios medievales y en las que no os cansaréis de hacer fotos: Rue Saint-Sauveur, Rue Chapitre, Plaçe de Champ-Jacquet, Plaçe Sainte Anne o Rue Saint-Michel, aunque un domingo por la mañana, en una ciudad llena de universitarios, esta última desmerece mucho por la presencia de bastantes chicos jóvenes y mendigos borrachos a primera hora de la mañana, junto a preciosas casas suyos soportales ahora albergan bares de copas y sitios donde comer kebab.

Quizá con 20 años hubiera disfrutado de esto de otra manera, pero con 34 lo único que quería era desayunar y pasear tranquila sin tener que aguantar ciertos comentarios…

Plaçe Sainte-Anne, en Rennes

Muy cerca del casco antiguo se encuentra el Mercado de les Lices, que es uno de los más bonitos de Francia, y casi al lado está la Catedral de Saint-Pierre, de estilo neoclásico, detrás de la cual se encuentran algunas de las calles en las que se conservan aún edificios medievales. Casi enfrente de la catedral se encuentran las Puertas Mordelesas y la Torre Duchesney, que es lo único que queda de la muralla que rodeaba la ciudad en el siglo XV.

A menos de 10 minutos a pie de la catedral se encuentra la Plaçe de la Mairie, donde se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad y la Ópera, y detrás de la cual está el Parlamento de Bretagne. Desde ahí, un paseo de 15 minutos nos llevaría al Parc du Thabor, que no pudimos ver por falta de tiempo, pero que es famoso por sus jardines (jardín francés, jardín botánico, una maravillosa rosaleda…) y en el que tienen lugar espectáculos gratuitos los domingos de primavera y verano.

Para los amantes del arte (o para aquellos que dispongan de más tiempo para conocer la ciudad), el Museo de Bellas Artes reúne obras de Rubens, Picasso o Veronese y bien merece una visita. Se encuentra al sur del río, cerca de la estación de metro République.

Seguro que Rennes es una ciudad con muchos seguidores, pero a mí personalmente no me acabó de gustar. Puede que fuera la mala señalización, el caos que suponía conducir y aparcar, la presencia de borrachos y mendigos en las calles, el hecho de que fuera domingo y estuvieran todos los comercios y muchos restaurantes cerrados (y tuviéramos que acabar comiendo en un sitio de fast food con universitarios resacosos), o simplemente que no es una ciudad monumental como lo pueden ser otras ciudades de Francia, pero que tampoco tiene el encanto de los pueblos de la Bretaña. Aun así, creo que es una parada imprescindible en un viaje por la zona más interior de la Bretaña.

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Espero que este post os haya animado a conocer esta zona de Francia. Y tanto si ya la conocéis como si no, me encantaría que me dejarais vuestros comentarios.

3 thoughts on “Roadtrip de 5 días por la Bretaña Francesa

  1. Ay, ¡me encanta! Yo le tengo un montón de ganas a Saint Malo y según he visto la foto de Josselin internamente ya sabía que quería ir. ¡¡Y después de leer tu post lo tengo aún más claro!! Thank you 🙂

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