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Manuel José Carpintero, un explorador del siglo XXI

Casado y con tres hijos, maestro y explorador, Manuel José Carpintero dedica su vida a la enseñanza y a la divulgación de la Geografía y la exploración. Es el fundador y Presidente de la Sociedad Astronómica y Geográfica de Ciudad Real y en el año 2006 capitaneó la primera expedición mundial en llegar al Círculo Polar Antártico en un pequeño velero de 14 metros de eslora. Ha recorrido el Ártico en un trineo de perros y se ha adentrado en las selvas más peligrosas de la Tierra.

Es fundador y Presidente de la Sociedad Astronómica y Geográfica de Ciudad Real, y miembro de National Geographic, del Explorers Club de Nueva York, de la Real Sociedad Geográfica y de la Sociedad Geográfica Española. Lleva años colaborando con National Geographic, impartiendo talleres para niños en los que les explica cómo ser Little Explorers, y ha sido el primer español en la historia en impartir una conferencia en el prestigioso The Explorers Club de Nueva York.

Además de todo eso, es director del Colegio Público Nuestra Señora de la Paz en Villarta de San Juan (Ciudad Real), un colegio que ha transformado completamente, generando una nueva visión de la educación más divertida y exploradora. Este verano ha viajado junto con 15 jóvenes a Noruega, donde han realizado una expedición en valores entre montañas y glaciares, desarrollando dos proyectos científicos de la Agencia Espacial Europea.

Expedición KLM Noruega

Descubrí a este explorador a principios de este 2019 en las charlas de la Quedada Viajera que Mi Nube organiza cada año en Fitur y entonces supe que quería entrevistarle… Han tenido que pasar varios meses, mucho trabajo en el blog y asistir a otra ponencia suya de la mano de la aerolínea KLM en sus charlas #KLMvuelasostenible, para que me atreviera a proponerle esta entrevista.

¿Quieres saber todo lo que Manuel tiene que contar?

1. A los 20 años viviste dos meses en la selva del Chocó en Colombia, un lugar peligroso en el que trabajaste como voluntario con niños de la calle. Está claro que tus ansias de explorar vienen de lejos… ¿Cómo surgió esta pasión por llegar a lugares recónditos del mundo?

​​La verdad es que siempre he soñado con repetir los viajes épicos de las expediciones españolas, y esa aventura solidaria en Colombia fue verdaderamente un viaje a mi interior, un viaje que marca y te transforma, conocer la selva y vivir en ella con tan solo 20 años te hace entender mejor las dificultades que tuvieron esos hombres del siglo XV y XVI que se lanzaron a la aventura, sin posibilidad de retorno en la mayoría de los casos. Pero sobre todo conocer con esa edad las calles de Bogotá y Medellín en el peor momento del cártel colombiano también te hace ver la vida de otra forma, salir por la noche, en las calles y repartir pan y chocolate a los gamines (niños de la calle) y que la policía te dispare para hacer limpieza de calles, es muy duro, es supervivencia, es la vida en un segundo.

2. Una de tus grandes aventuras ha sido recorrer el Ártico a temperaturas de 40º bajo cero para llevar hasta allí un ejemplar del Quijote. ¿Qué fue lo más duro de esta expedición?

Cuando alguien se imagina realizar una expedición, lo primero que le viene a la cabeza es la planificación, el tiempo a emplear, los materiales necesarios, los medios de transporte…, pero cuando lo imaginado pasa a la realidad lo que verdaderamente importa es hacer creer a los que te rodean y a ti mismo, que no estás loco y que lo que planteas tiene sentido. Quizás esto fue lo más difícil de la expedición.

Todo comenzó en octubre de 2004, cuando La Sociedad Astronómica y Geográfica de Ciudad Real (SAGCR), con tan sólo un año de vida, se planteó conmemorar dos aniversarios fundamentales para nuestra tierra: el IV centenario de la publicación de El Quijote y el 750 aniversario de la fundación de Ciudad Real. Yo propuse a los miembros de la Sociedad una idea que pensaba que iban a tachar de locura: alcanzar los confines de la Tierra llevando en nuestra mochila de explorador El Quijote y la Carta Puebla Fundacional de Ciudad Real, e intentar hacerlo de manera doble, llegar al poblado más al norte del planeta y llegar al Círculo Polar Antártico en un pequeño cascarón de 14 metros de eslora, realizando ambas expediciones como las antiguas exploraciones científicas. No sólo no fui tachado de loco, sino que recibí el apoyo unánime del colectivo y se conformó un grupo variopinto de expedicionarios que trabajaron muy duro para poder conseguir este apasionante reto. 

Como director de la expedición, me puse en contacto con el mejor explorador polar español de la historia, Ramón Larramendi, y después de muchas conversaciones, ver mapas en el bar El Brillante frente a la estación de Atocha, decidimos realizar una expedición al más puro estilo tradicional: surcar el océano congelado en trineo de perros sin ayuda externa; una pequeña gran locura para este grupo de amigos. 

Después de varios vuelos hasta llegar a Quanaq el 24 de marzo comenzamos la andadura por la banquisa congelada de Groenlandia, con el objetivo de llegar, al más puro estilo esquimal, al último lugar habitado de manera natural más al norte del planeta, Siorapaluk. 

Cubrimos los 70 kilómetros hasta Siorapaluk en dos etapas. El objetivo de la primera era llegar a una pequeña cabaña de caza, que los esquimales utilizan cuando se pasan meses fuera de casa cazando focas y osos polares para tener carne para todo el año. El principal problema de este recorrido era el grosor del hielo, que oscilaba entre los 10 cm y los 2 metros; hundirse en estas aguas más de dos minutos supondría la muerte por hipotermia, cosa que me pudo ocurrir.

Me encargaba de realizar la grabación de vídeo para el documental. Como la cámara se condensaba solo podía grabar un máximo de 2 minutos seguidos, después la metía entre las tres capas de ropa que llevaba para mantener la temperatura y, aún así, las baterías se descargaban a una velocidad vertiginosa. En pleno proceso de grabación, mantuve en la cámara un plano con el trineo alejándose por el horizonte helado, donde la banquisa atrapaba un témpano de hielo y nosotros lo rodeábamos, en ese momento apagué la cámara y dirigiéndome hacia donde me esperaban mis compañeros, noté como el hielo crujía con más intensidad y, sin darme cuenta, me vi con una pierna dentro del hielo y la otra fuera. Mis amigos no me veían, la situación podía ir a peor, pero la calma me permitió sacar la extremidad del hielo y evitar una segura hipotermia. Este pudo ser el momento más critico de la expedición, pero disfrutar de ese paisaje a 40º bajo cero no tiene precio.

3. Pero tu gran hazaña ha sido ser la primera expedición en llegar al Círculo Polar Antártico en una embarcación de 14 metros de eslora. ¿Qué sensaciones tuvisteis al alcanzar vuestro objetivo?

Sensaciones muchas y encontradas, el placer está para mí en poder comer una tostada de pan con pisto manchego encima de un iceberg el día 31 de diciembre. O ser el único humano en una isla llena de pingüinos… Hay experiencias que no se pagan con dinero que te hacen sentir como si alguien te hubiese tocado con una varita mágica para concederte un deseo. Son situaciones tan extremas, tan al límite y tan distintas, que se hacen adictivas. Desde luego que si el explorador tiene una adicción, es el viaje.

Pero aveces, ocurren cosas únicas, como la primera videoconferencia en la historia entre el espacio y la Antártida que preparamos durante meses con el astronauta Michael López Alegría y que al final funcionó en los confines de la Tierra gracias a los miembros del ejercito en la Base Antártica Española Gabriel de Castilla. Increíbles e indescriptibles las sensaciones de ver alguien flotando en una nave y que no para de preguntarte cómo has conseguido el barco para la expedición, espectacular.

Nuestras expediciones en ningún caso han querido ser “la más”. Nosotros no miramos dónde está el récord Guinness para lograr uno nuevo. De hecho, que habíamos sido los primeros en el mundo en llegar allí con un velero de 14 metros solo lo supimos cuando volvimos a España. Fue toda una sorpresa. 

Pero como es normal, no todo es tan bonito, también hay mala suerte, cuando estábamos a una hora de llegar a nuestra meta bajó tanto la temperatura que se empezó a congelar el océano. La velocidad de navegación bajó a un nudo, así que avanzábamos lentamente mientras veíamos cómo el barco partía el hielo con el casco. En ese momento recuerdo que le dije al capitán: “Prefiero volver vivo y contar que estuve aquí aunque me quede a nada de llegar”. Pero él me contestó que seguíamos. Yo veía la imagen de la expedición de Shakleton, con el barco congelado, y pensaba que de allí no salíamos. Al final tardamos medio día, pero llegamos y pudimos volver. 

Los que somos así nos creamos esa necesidad. Los retos surgen después, a veces porque te los pones tú, a veces porque la naturaleza te obliga. Por ejemplo, en el Chocó tuve un cólico nefrítico y debía ir hasta un hospital porque si no me moría, así que no tuve más remedio que cruzar a nado un río de los de allí sin ser precisamente un atleta… Y en la Antártida tuvimos dos temporales con vientos de 140 kilómetros por hora y olas de 12 metros que daban mucho miedo. Eso no lo buscas. 

Cruzar de Ushuaia al Círculo Polar implica estar de seis a ocho días de travesía, y habiendo una probabilidad de un temporal cada tres días, sabes de sobra a lo que vas. No es un viaje de placer, no hay un touroperador detrás. 

4. Aparte de explorador eres, por encima de todo, profesor, y tu intención es transmitir a tus alumnos esta pasión. Este año has dirigido a un grupo de chicos en un viaje a Noruega (Expedición KLM Noruega), ¿cómo ha sido la experiencia de hacer un viaje de este tipo con jóvenes en vez de con adultos?

Yo soy maestro, ahora director de un pequeño colegio llamado CEIP Nuestra Señora de la Paz en Villarta de San Juan (Ciudad Real), y debo reconocer que mis aventuras me han facilitado mi trabajo, ya que no es lo mismo explicar geografía sin más y hablar de los polos, que enseñarles rocas de la Antártida o que toquen una piel de foca, los niños alucinan y aprenden a la vez.

En esta idea surgió junto a una academia de idiomas, Languages Schools, con el objetivo de hacer viajes de alumnos distintos, y gracias a mi amigo y gran explorador noruego, Torgeir Higraff, elaboramos una Aventura en tierras noruegas llevándoles a glaciares, montañas, vivir en la naturaleza, dormir en un faro, pescar truchas…, en definitiva, llevarles a los orígenes del hombre, un éxito a repetir y una respuesta de los chavales increíble.

Expedición KLM Noruega

Muchísimas gracias Manuel por haber participado en esta sección de mi blog. Me ha encantado leer tus respuestas y emocionarme de nuevo con tus aventuras… Ojalá todos de pequeños hubiéramos tenido un profesor así y la posibilidad de convertirnos también en little explorers. Si queréis saber algo más sobre este explorador del siglo XXI, podéis seguirle en su perfil de Twitter.

(2) Comentarios

  1. Una entrevista genial Carla❤️
    Yo también me quedé enganchada a las aventuras de Manuel cuando lo escuché por primera vez en la quedada viajera de Mi Nube.
    ¡Ojalá todos hubiéramos tenido un profesor así!
    Un besazo

    1. Hola Paula, muchas gracias! A mí me hubiera encantado tenerle de profesor, estoy segura de que hubiera disfrutado muchísimo de sus clases!! <3

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