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Visitar el Campo de Concentración de Sachsenhausen desde Berlín

Una de las visitas más duras, pero en mi opinión más imprescindibles, que se deben hacer el Berlín, es el Campo de Concentración de Sachsenhausen. Al menos una vez en la vida, todos nosotros deberíamos visitar un campo de concentración para conocer de primera mano los horrores que se cometieron en Europa hace menos de un siglo. ¿Es una visita dura? Si. ¿Merece la pena? También.

ANTECEDENTES: LA ALEMANIA NAZI

Entre 1933 y 1945, Alemania vivió bajo el llamado Tercer Reich, o Gran Imperio Alemán, un estado totalitario, sin oposición política y con todo el poder concentrado en la figura del führer Adolf Hitler, líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Su ideología se centraba en la superioridad de la raza aria y la inferioridad de otros grupos étnicos, especialmente los judíos, que fueron masacrados durante este periodo, junto con opositores al régimen (socialistas, anarquistas, comunistas), homosexuales, gitanos, etc…

La propaganda política de la época utilizaba los mítines de Hitler para controlar la opinión pública, el gobierno controlaba todas las formas de expresión artística, y la educación se centró en el adoctrinamiento político de los jóvenes, a los que se preparaba para el servicio militar.

En esta época se crearon campos de concentración y de exterminio en Alemania, Polonia, Francia, Países Bajos…, en los que se encerró a judíos, gitanos, opositores políticos y religiosos, homosexuales, discapacitados, prisioneros de guerra y otros colectivos calificados como “inferiores” o “traidores” por el ideario nazi.

Imagen general del aspecto actual de Sachsenhausen

El gobierno de Adolf Hitler daba la misma prioridad al plan de limpieza racial que a la expansión del imperio, enfocada especialmente a eliminar a la población judía, y que se conoce como “Solución Final” (“La solución final de la cuestión judía”), uno de los puntos que estaban en el programa político del Partido Nacionalsocialista desde 1919 y que se empezó a aplicar a partir de 1941, con la deportación y el posterior exterminio de millones de judíos.

Los judíos fueron especialmente perseguidos y empezaron a ser deportados a campos de concentración a partir del 9 de noviembre de 1938, en lo que se conoce como “La Noche de los cristales rotos” (en la que se quemaron sinagogas, más de 100 judíos fueron asesinados y 26.000 deportados a campos de concentración). Se estima que durante los 12 años en los Alemania estuvo bajo el poder nazi, entre 11 y 12 millones de presos murieron en los campos de concentración, de los cuales más de la mitad eran judíos.

Tras la Batalla de Berlín, la última gran batalla de la guerra, librada entre Alemania y Rusia, el 2 de mayo de 1945, Berlín se rindió al Ejército Rojo. Dos días antes, Hitler y sus altos cargos se habían suicidado en el bunker, y muchos miembros del Partido Nazi huyeron de la ciudad antes de la rendición, dejando a los berlineses a su suerte.

Restos de la prisión que había dentro de Sachsenhausen y, al fondo, una de las torres de vigilancia

Un par de semanas antes, el 22 de abril de 1945, el campo de concentración de Sachsenhausen era liberado por las tropas soviéticas, después de que muchos de sus prisioneros fueran sacados del campo o asesinados en masa para intentar ocultar todo lo que había ocurrido aquí desde su apertura.

La rendición de Berlín ante las tropas rusas supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Si quieres saber sobre la historia de Berlín no dejes de leer este post, Breve historia de Berlín para principiantes.

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE SACHSENHAUSEN

Se empezó a utilizar en 1936 como campo de concentración para prisioneros políticos que se oponían al régimen nazi. A partir de 1938, y para poder albergar a presos judíos tras “La Noche de los Cristales Rotos” en Berlín, obligaron a los propios presos a ampliar el campo, al que llegaron judíos, polacos, soviéticos, homosexuales, gitanos, miembros de la resistencia, etc.

Durante los 9 años en los que estuvo en funcionamiento, Sachsenhausen albergó a un total de 200.000 prisioneros, de los cuales se estima que más de 30.000 fallecieron allí, algunos fusilados nada más llegar, otros torturados, otros muertos de inanición y otros asesinados mediante disparos o en la cámara de gas cuando el uso del campo pasó de campo de concentración a campo de exterminio. Los fallecidos en Sachsenhausen pertenecen a 34 nacionalidades diferentes, entre las que se encuentran alemanes, franceses, españoles, rusos, italianos…

En esta maqueta se ve cómo era originalmente el Campo de Concentración de Sachsenhausen

La cámara de gas de Sachsenhausen se empezó a utilizar en 1943, y en la actualidad quedan los cimientos y parte de los hornos crematorios. Además de la cámara, se ejecutaba a los presos de otras maneras, mediante disparos tras una pared, la horca, o directamente dejándoles morir de hambre o sed.

En general, los campos de concentración de Polonia fueron más grandes que los de Alemania, para no escandalizar a las población civil, pero hubo varios en este país en los que fallecieron millones de prisioneros. 

Características del campo

  • Sachsenhausen fue uno de los campos de concentración más importantes del III Reich, ya que aquí se tomaban decisiones que se aplicaban en otros campos (alimentación de los presos, castigos, manuales, utilización de la mano de obra esclava, etc.). Desde el campo, estaban en contacto permanente con la Gestapo y las SS
  • Servía como prisión modelo para otras construcciones similares durante el régimen nazi. Se diseñó como un triángulo equilátero con una torre de vigilancia principal y otras secundarias para tener un control total de los prisioneros en todo momento. Se amenazaba a los presos con la idea que estaban siendo vigilados 24 horas al día y así no intentaran huir
  • A pesar de que se diseñó con el objetivo de ser un campo modelo, su diseño hizo que no se pudiera ampliar, por lo que se construyó una ampliación fuera del campo principal con fábricas en las que los prisioneros eran obligados a hacer trabajos forzados
Traje que llevaban los prisioneros en Sachsenhausen, con su número y sus triángulos

Cómo era la vida en Sachsenhausen

Sachsenhausen era un campo de concentración únicamente para hombres, mientras que las mujeres fueron enviadas al campo de Ravensbrück (ubicado más al norte).

Una vez que llegaban al campo, a los presos se les asignaba un número y un triángulo de color. Estas dos cosas debían ir cosidas en el traje que vestían a diario y los presos debían memorizar su número en alemán desde el primer momento, ya que no se les llamaba por su nombre, sino por su número, y si no respondían eran castigados. De esta manera, los nazis quitaban a los presos su nombre y así les quitaban su identidad.

Los triángulos de colores servían para identificar a los presos según distintas categorías: amarillo (para judíos), rojo (para prisioneros políticos), verde (para criminales comunes), rosa (para hombres homosexuales), negro (para mujeres homosexuales, prostitutas, vagabundos, retrasados o enfermos mentales), marrón (para gitanos)… En algunos casos, un mismo preso podía tener dos triángulos.

Entrada a Sachsenhausen: “Arbeit macht frei” (El trabajo os hará libres)

Cada barracón tenía un kapo (un líder), que por lo general se elegía entre los criminales alemanes condenados por crímenes violentos, que aceptaban estos trabajos a cambio de ciertos beneficios (más raciones de comida, mejores camas, etc). Si se negaban a hacerlos, volvían a ser prisioneros normales y corrían el riesgo de que el resto de presos les matara. Era una forma de convertir a las víctimas en verdugos y enfrentar a unos prisioneros contra otros. Aún así, en general, los presos se ayudaban entre ellos, hacían intercambios con los productos que recibían, compartían las raciones de comida…, pero también había traiciones.

La vida diaria en el campo era muy diferente dependiendo de la categoría de los presos. Los que fueron peor tratados en todos los campos de concentración durante el régimen nazi fueron los judíos, los gitanos y los homosexuales, ya que eran considerados como seres inferiores.

Prácticamente todos los presos sufrieron torturas, pasaron hambre, eran obligados a hacer trabajos forzados…, llevándolos a un proceso de deshumanización, lo que reducía los riesgos de fuga o de rebelión. De hecho, no se conocen huidas exitosas de este campo. Uno de los presos llegó al pueblo, con su traje de rayas y su cabeza rapada, pero los habitantes del pueblo le devolvieron al campo y allí fue ejecutado.

Dibujos con algunas de las torturas que se hacían a los presos en Sachsenhausen

Estas ejecuciones se hacían delante del resto de presos, para que supieran lo que ocurría cuando alguien intentaba huir y así evitar que otros hicieran lo mismo.

En el patio se hacían las formaciones de los presos varias veces al día, independientemente de las condiciones meteorológicas. Una de las formas de castigo era dejarles en el patio durante horas o días a la intemperie, bajo la lluvia o la nieve, hasta que acaban desfalleciendo. También les obligaban a hacer el “Saludo de Sachsenhausen”, en el que los prisioneros pasaban horas en cuclillas con los brazos extendidos.

El régimen de abastecimiento del campo fue cambiando con el paso de los años, pero en general hubo mucha precariedad desde el primer momento (escasez de comida, ropa y calzado no adaptado a las condiciones metereológicas, explotación laboral…). Los barracones estaban diseñados para albergar a un máximo de 250 presos, pero en algunos llegó a haber más de 400.

Existía una prisión de aislamiento dentro del campo, donde se aislaba a militares, presos que habían intentado huir, traidores, gente que había atentado contra el régimen (como Georg Elser, llamado “el carpintero de Munich”, que había atentado contra Hitler con una bomba)… Aquí se les torturaba para sacarles información y se escuchaban los gritos desde los barracones.

Una de las celdas reconstruidas en la prisión

En el patio de la prisión aún se mantienen en pie 3 palos con ganchos en los que colgaban a aquellos que se pensaba que tenían información relevante; aquí se les torturaba, se les colgaba con las manos juntas atadas a la espalda, se les dejaba a la intemperie durante días… Si no hablaban, les llevaban a la enfermería, les curaban y les volvían a torturar otra vez. En este patio existía además un refugio subterráneo para que lo utilizaran los oficiales nazis en caso de ataque.

Aparte de existir fábricas en las que los presos eran obligados a hacer trabajos forzados fabricando armas, munición, piezas de aviones…, en Sachsenhausen se probaba el nuevo calzado que los soldados alemanes llevarían a la guerra. Para ello, los presos debían probar los zapatos y caminar sobre diversos tipos de superficies durante horas, llegando a hacer hasta 40 kilómetros en un día. Era una forma más de tortura y les decían que con esto contribuían a la economía y al ejército alemanes.

En el perímetro del campo, además de las vallas con alambre de espino y electrificadas, existe una zona de grava con carteles que indican “Neutrale zone: Es wird ohne Anruf sofort scharf geschossen”, que se puede traducir como “Zona neutral: toda persona que entre en esta zona será disparada sin previo aviso”. En teoría, los prisioneros no podían pisar esta zona, pero muchos guardas amenazaban a los presos a punta de pistola diciéndoles que les dispararían si no cruzaban a esa zona, y en cuanto lo hacían, les disparaban igualmente.

Zona Neutral

La Estación Z era el último lugar donde estaban los presos antes de morir, en la cámara de gas o ejecutados con un tiro en la nuca. Mediante este último método se ejecutaba sobre todo a traidores, opositores al régimen o prisioneros de guerra (especialmente soviéticos). Durante los años en los que Sachsenhausen funcionó como campo de concentración y de exterminio, hubo aquí asesinatos en masa de muchos prisioneros.

La sala de autopsias y la enfermería eran varios barracones que se ubicaban cerca de la entrada. La enfermería servía para controlar las epidemias, que causaban estragos en los campos, pero también para atender a presos torturados, pero que no querían que fallecieran aún, para esterilizar a judíos, gitanos y homosexuales, y para hacer experimentos con los presos.

Estos experimentos se hacían para poder curar situaciones que se podían dar en el campo de batalla: infecciones (mediante la inyección de virus y bacterias), amputaciones, congelaciones (para probar la resistencia de los soldados ante condiciones climáticas extremas), etc… Si estos presos morían, se les hacía la autopista para ver qué había fallado y se utilizaba a otro preso para repetir el experimento.

Interior de la sala de autopsias de Sachsenhausen

Detrás de la sala de autopsias hubo un burdel temporal con presas traídas de otros campos con la excusa de que después serían liberadas. Era un premio para los kapos y para algunos prisioneros políticos de otros países, lo que acababa convirtiendo a las víctimas en verdugos.

Al principio, los cadáveres de los fallecidos y asesinados en el campo se llevaban a Berlín; más tarde, se construyeron hornos crematorios, que podían incinerar a 6 cuerpos a la vez, y cuyos restos están dentro de un edificio blanco y sobrio. Junto a ellos, es donde se encontraba la cámara de gas, en la sala 2, donde se podía asesinar hasta 25 personas a la vez, que tardaban unos 15 minutos en morir. Los que ayudaban en la cámara también eran presos, a los que se obligaba a participar como verdugos, diluyendo de esta manera responsabilidades entre los nazis que controlaban el campo y cuidando así su salud mental.

Restos de los hornos crematorios de Sachsenhausen

Liberación del campo de Sachsenhausen

En abril de 1945 el campo de concentración de Sachsenhausen fue liberado por las tropas soviéticas. Sin embargo, desde el otoño de 1944, cuando se supo que el fin de la guerra estaba cerca, los nazis sacaron al mayor número de prisioneros del campo para ejecutarlos e intentar ocultar las huellas de lo que había sido el Holocausto.

Estas marchas se conocen como Las Marchas de la Muerte, en las que los presos fueron obligados a caminar durante kilómetros sobre la nieve hasta estaciones de tren cercanas, hacinados en vagones de ganado, y llevados a otros campos. Todos aquellos que estaban demasiado débiles para caminar, fueron ejecutados. Otros presos, los que estaban demasiado débiles para moverse, fueron abandonados a su suerte en el campo.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos dirigentes nazis tuvieron tiempo de escapar y huyeron a Sudamérica para no ser condenados. Los que permanecieron en Alemania, fueron juzgados en los Juicios de Nuremberg.

Una vez liberado, y bajo dominio soviético, Sachsenhausen se transformó en el Campo especial soviético número 7 del NKVD, en el que se encarceló a funcionarios y militares nazis, soldados, colaboradores del régimen, anti-comunistas, etc., llegando a albergar a un total de 60.000 prisioneros entre 1945 y 1950 (de los cuales fallecieron unos 12.000). 

Estación Z, donde se produjeron asesinatos en masa dentro del campo

Datos curiosos sobre el campo de Sachsenhausen

  • Un hijo de Stalin, Yakov Iosifovich Dzhugashvili, estuvo preso en este campo durante varios años, primero sin que los nazis supieran quién era, y más adelante, gozando de ciertos privilegios en el campo. Stalin tuvo conocimiento de este hecho, pero se negó a ayudarle porque le consideraba un traidor a la patria por haberse rendido a las tropas alemanas. Falleció en 1943 por disparos de los soldados alemanes, pero nunca se ha confirmado si fue un asesinato o un suicidio
  • La película “Los Falsificadores” (“Die Fälscher”, 2007) relata la historia de un grupo de artesanos judíos que fueron obligados a falsificar billetes británicos y estadounidenses para una operación de estafa alemana, la Operación Bernhard. Estos trabajadores vivían en mejores condiciones que otros presos, pero aún así boicotearon su propio trabajo para ganar tiempo y evitar que la estafa se llevara a cabo
  • Algunos de los prisioneros “famosos” de Sachsenhausen fueron el escritor Primo Levi o Francisco Largo Caballero, presidente de la II República Española
  • Si te interesa el tema, en el edificio de la entrada del campo puedes comprar el libro “Era la noche”, que narra la historia de Pedro Martín, último superviviente del campo de concentración de Sachsenhausen. Yo lo compré allí y lo leí de una sentada. Pone los pelos de punta en algunos momentos, pero creo que es necesario conocer estas atrocidades de primera mano
Objetos originales expuestos en el barracón 38

Sachsenhausen en la actualidad

Desde 1961, Sachsenhausen es un museo que expone los horrores que se vivieron aquí durante el nazismo.

A diferencia de otros campos de concentración como el de Auschwitz, en Polonia, Sachsenhausen quedó bastante destruido tras la liberación. Aunque se conservan algunos edificios originales, parte del muro del campo está reconstruido, y se han levantado dos barracones (38 y 39) para poder mostrar cómo era la vida en el campo.

En el Barracón 38 se puede ver cómo eran las condiciones en las que se hacinaba a los prisioneros: en camas de hasta 3 alturas, con letrinas abiertas, sin ningún tipo de saneamiento ni calefacción para soportar los meses de invierno… En el barracón se dormía, se aseaba y se comía. Antes de la habitación en la que están las literas, se puede ver una cama separada, que era en la que dormía el kapo, ya que gozaba de ciertos privilegios. Además, en el otro lado del barracón hay una exposición con objetos, fotos, etc. relacionados con la época.

Interior del Barracón 38, con una reconstrucción de las literas en las que dormían los prisioneros

En el edificio que servía de entrada al campo, donde estaba la torre principal de vigilancia y  la puerta donde se lee la famosa frase “Arbeit macht frei” (El trabajo os hará libres) hay un reloj que se mantiene parado a las 11.08, la hora a la que se liberó el campo el 22 de abril de 1945.

En el patio, hay una especie de obelisco conmemorativo que se levantó en 1961 por la Unión Soviética, y que tiene 18 triángulos rojos, el color con el que se identificaba a los presos políticos. Debajo del obelisco hay una estatua que muestra a un soldado soviético liberando a dos prisioneros.

Imagen de Sachsenhausen en la actualidad, con el obelisco erigido por la Unión Soviética y en el suelo los rectángulos de grava, que representan el lugar donde se ubicaban los barracones

En el edificio que albergaba la cocina hay una exposición con objetos originales de la época: un traje de los que llevaban los presos, algunos de los triángulos identificativos originales, un trineo y un carro en los que se llevaban cadáveres, un metro que en teoría se utilizaba para medir a los presos, pero que en realidad servía para ejecutarlos…

Aquí hay también varias imágenes de la época: por un lado, las que tomaban los nazis para utilizarlas como propaganda política y en las que los campos de concentración y de trabajo eran lugares en los que los presos estaban bien cuidados y vivían en buenas condiciones; por otro lado, las imágenes reales de la época, que no se mostraban, y en las que se muestra la realidad del campo y de las condiciones de vida de los prisioneros.

Los nazis pensaban que “el fin justifica los medios” para justificar sus actos, pero en la actualidad en Alemania  se educa a los niños para que sepan que nada bueno salió del nazismo y de los campos de concentración. Los niños estudian el nazismo en el colegio y son conscientes de que la apología del nazismo está prohibida, les llevan a visitar los campos de concentración para conocer de primera mano lo que pasó… En general hay una vergüenza muy grande entre los alemanes por lo que ocurrió durante el nazismo, excepto por algunos grupos neonazis.

DÓNDE ESTÁ SACHSENHAUSEN

El Campo de Concentración de Sachsenhausen se encuentra en la localidad de Oranienburg,  a unos 30 kilómetros al norte de Berlín.

Edificio de entrada al campo y torre principal de vigilancia. El reloj de la parte superior marca las 11.08, hora de la liberación

Para llegar hasta allí, hay que coger un tren desde Potsdamer Platz, Friedrichstraße, Gesundbrunne, Berlin Haupbahnhof o Berlin Ostbahnhof. Tardan unos 40-45 minutos en llegar a la estación de tren de Oranienburg. Una vez allí, hay que coger el Bus 804, enfrente de la estación. En este autobús van todos los visitantes al campo, tanto los que van por libre como los que van con una visita guiada, y en teoría hay que subirse por orden de llegada y no colarse (aunque la gente lo hace).

Desde la estación de tren de Oranienburg se tarda 7 minutos en bus o 20 a pie hasta el campo de concentración. Nosotras hicimos la ida en autobús, con nuestro grupo para la visita guiada, y la vuelta a pie, ya que dimos un paseo por Oranienburg, comimos allí, y después volvimos a Berlín.

El campo de concentración de Sachsenhausen abre todos los días del año: del 15 de marzo al 14 de octubre de 8.30 a 18.00, y del 15 de octubre al 14 de marzo de 8.30 a 16.30. Durante estos meses de invierno, cierra los lunes.

Si quieres más información puedes entrar en la página web del Campo de Concentración de Sachsenhausen, está disponible en inglés y en alemán.

Letrinas reconstruidas en el barracón 38

VISITA GUIADA O POR LIBRE

Aunque Sachsenhausen se puede visitar perfectamente por libre y de manera gratuita (con una audioguía, disponible en varios idiomas, que tiene un precio de 3€ y que se puede adquirir a la entrada), mi recomendación es que no dudes en hacer la visita guiada con alguna de las múltiples empresas que lo ofrecen. Sólo con la visita guiada conseguirás saber todo que ocurrió aquí durante los años en los que estuvo en funcionamiento, para qué se utilizaba cada edificio o cómo era la vida diaria en el campo.

A la entrada del campo se pueden ver carteles como éstos con fotos y texto sobre los horrores que ocurrieron aquí

Nosotras lo contratamos con Sandemans. El precio es de 18€ para adultos e incluye la visita de 3 horas al campo y el acompañamiento desde y hasta Berlín. No incluye el transporte, que se tiene que pagar aparte (3,40€ por trayecto, pero está incluido en la Welcome Card de las zonas ABC). El total de la visita dura 6 horas, desde que sales de Berlín hasta que vuelves, pero nosotras optamos por pasear un poco por la ciudad de Oranienburg después de la visita al campo, comer allí, y volver a Berlín a primera hora de la tarde.

Nuestro guía fue Andrés Cavallero y debo reconocer que fue un guía maravilloso. Contando los hechos tal como sucedieron, pero sin entrar en detalles escabrosos, Andrés nos explicó todo lo que sucedió aquí y nos hizo entender el funcionamiento del campo, haciendo que todo el grupo mantuviera el interés puesto en lo que estaba contando. Seguro que hay otros guías estupendos en el campo, pero si tenéis la oportunidad, no dejéis de hacer la visita con él. De hecho, este post no hubiera sido posible sin todo lo que nos fue contando a lo largo de las 3 horas que dura la visita.

(2) Comentarios

  1. Glòria dice:

    Me encanta, Carla. Interesantísimo post que ha hecho que aún aumenten más mis ganas de visitar Berlín y sus alrededores. Gracias!

    1. Muchas gracias por tu comentario Gloria! Me alegro de que haya gustado! Berlín es una ciudad que me enamoró hace 12 años y este año ha vuelto a conquistarme… No dudes en visitarla, espero que te guste tanto como a mí!

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