Al sur de Irak, entre las ciudades de Nasiriyah y Basora, se encuentra un ecosistema único conocido como las Marismas de Mesopotamia.
Este nombre abarca una serie de humedales ubicados en la zona en la que confluyen los dos ríos más importantes de la zona, el Éufrates y el Tigris, extendiéndose hasta Irán y el norte de Kuwait. Es el mayor ecosistema de humedales del oeste de Eurasia.

Desde 2016, las Marismas de Mesopotamia están incluidas en la lista de Patrimonio Mixto de la Humanidad, por ser únicas en su género y por sobrevivir en un entorno natural extremadamente árido y cálido.
Pese a ello, y pese a que se dice que aquí se ubicaba el bíblico Jardín del Edén, las marismas ya no son el entorno idílico que fue en su época…
UN POCO DE HISTORIA

Los orígenes de las marismas se remontan al IV milenio a.C., cuando surgieron las primeras civilizaciones en la zona, que se beneficiaban del llamado Creciente Fértil. Esta región histórica era una zona fértil en forma de media luna que abarcaba varios países. Egipto, Palestina, Israel, Líbano, Siria, Arabia, e Irak, llegando hasta el Golfo Pérsico.
Originalmente, las marismas ocupaban una superficie de unos 20.000 km² y estaban divididas en tres zonas, separadas pero adyacentes:
- Las marismas centrales, situadas entre el Tigris y el Éufrates
- Las marismas de Hammar, ubicadas al sur del Éufrates
- Las marismas de Hawizeh, ubicadas al este del Tigris y llegando hasta Irán

Ya antes de la llegada al poder de Sadam Hussein, el gobierno iraquí había comenzado el drenaje de las marismas, inicialmente para recuperar las tierras para la agricultura y la explotación petrolífera.
Con Sadam Hussein en el gobierno, el drenaje continuó, intentando además desalojar a sus habitantes. Se hizo como castigo por los levantamientos de 1991 en Irak (liderados por chiítas y kurdos contra el régimen de Sadam Hussein, que se habían refugiado en la zona).
El dictador llegó a construir una carretera que atravesaba las marismas y que permitía el acceso a las mismas para deportar e incluso matar a sus habitantes. Por suerte, la carretera colapsó y en la actualidad sólo se conserva una parte, que ha sucumbido a la maleza y que ahora recorren los búfalos de agua.

Tras la caída de Sadam Hussein, en 2003, las marismas habían reducido su tamaño a un 10% de su tamaño original, como consecuencia de los drenajes. En 2004, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente lanzó un programa de recuperación cuyo objetivo era recuperar el entorno destruido y permitir el regreso de sus habitantes.
A finales de 2006, este programa permitió la restauración de unos 10.000 km² y el regreso a esta zona de más de 100.000 personas que habían sido desplazadas.
LAS MARISMAS DE MESOPOTAMIA HOY

Gracias a los esfuerzos del gobierno iraquí, las Naciones Unidas y las agencias estadounidenses, se está volviendo a recuperar el ecosistema de las marismas, que bajó de un 75% de recuperación en 2008 a un 58% en 2015.
En la actualidad, los tres grandes humedales se han fragmentado en 10 marismas más pequeñas, que en 2015 fueron designadas por el Gobierno de Irak como Humedales de Importancia Internacional (“Sitios Ramsar”).
Por desgracia, debido a la sequía, la construcción de presas en la parte alta y la irrigación intensiva llevada a cabo por Turquía, Siria o Irán, han dificultado el proceso de recuperación. Turquía en concreto ha construido más de 30 presas en los ríos Tigris y Éufrates, lo que amenaza la recuperación de las marismas.

Además, en los últimos años ha empeorado notablemente la calidad del agua de los ríos. No sólo ha bajado el caudal de ambos, si no que además en ellos se vierten aguas residuales, que se desplazan río abajo hasta las marismas.
Las marismas son el hogar de hasta 40 especies de aves, varias de peces, nutrias, tortugas… y son el hogar de numerosos búfalos de agua.
Pero también han sido durante años el escenario perfecto para el contrabando de drogas, armas y otros productos ilegales en el país. Y es que el entramado laberíntico de estos humedales lo han convertido en el lugar perfecto para esconderse y traficar.
LOS ÁRABES DE LAS MARISMAS

Las Marismas de Mesopotamia han estado pobladas en su totalidad por los llamados árabes de las marismas (Arab al-Ahwār), también conocidos como ahwaris o maʻdān (aunque este término se usaba de manera despectiva).
Su vida gira en torno a las marismas; en ellas construyeron islas artificiales en las que levantaron viviendas hechas de cañas y juncos. Su cultura se centra en los recursos naturales de la zona: agricultura, pesca y cría de búfalos de agua.
No está claro cuál es su origen, pero la principal teoría es que proceden del Valle del Indo, en Pakistán. Otras teorías los relacionan con los nabateos o con los antiguos sumerios, habitantes de la zona desde la época mesopotámica.

Los árabes de las marismas se distinguen de los habitantes de Irak por su aspecto físico, su religión, su cultura y su forma de vestir.
Son principalmente musulmanes chiítas, pero muchos de ellos practican el Mandeísmo, una religión sincrética y muy conservadora. Siguen a San Juan Bautista, y hombres y mujeres practican el rezo juntos y comparten los mismos espacios (algo prohibido por el islam).
Uno de sus rasgos físicos más característicos son sus ojos verdes. Tanto los hombres como las mujeres se cubren la cabeza, ellas con un hiyab y ellos con una kufiya a modo de turbante.

A diferencia de los musulmanes, la mayoría de los maʻdān rezan en privado, ya que no todos tienen acceso a lugares de culto dentro de las marismas.
Hablan un dialecto árabe que poco a poco se está perdiendo; no sólo por la disminución del número de habitantes de la zona, sino porque también muchos jóvenes prefieren hablar el árabe tradicional.
Entre los maʻdān, la autoridad principal es el jeque, quien cobra los tributos y quien mantiene el mudhif principal, que actúa como centro político, social, judicial y religioso, además de ser el lugar en que agasajar a los pocos turistas que llegan a la zona. Después del jeque, la autoridad más importante es el qalit.
Los Maʻdān en la actualidad

Las cifras que se manejan sobre el número de árabes de las marismas tampoco son claras. En la década de 1950 eran en torno a medio millón. Tras la desecación de las marismas y los continuos ataques del gobierno de Sadam Hussein, este número se redujo a unos 20.000.
En la actualidad, se cree que apenas quedan unos pocos miles árabes de las marismas, distribuidos entre las gobernaciones de Maysan, Dhi Qar y Basora. A pesar de que la zona se recuperó y muchos de ellos volvieron del exilio, otros prefirieron quedarse en otras zonas de mayoría chiíta en Irak o incluso se han trasladado a Irán.
Los que regresaron retomaron sus actividades tradicionales (agricultura, pesca y cría de búfalos de agua). Desde finales del siglo XX, muchos se dedican también a tejer esteras de junco.
A día de hoy, no viven en las islas artificiales de las marismas, si no en tierra firme, pese a que en muchas zonas no hay agua potable, saneamientos, atención médica… Muchos de ellos viven, entre otras cosas, del turismo.
Abu Haider, el hombre de las marismas

Abu Haider es el más famoso de los árabes de las marismas. Desde hace años, abre las puertas de su casa a los turistas que llegan hasta esta zona de Irak y comparte con ellos sus historias.
Es cantante y lleva cantando desde los 10 años. Sus canciones hablan sobre su tierra, sobre la vida allí, sobre su familia, y sobre la lucha de su pueblo por mantener vivas sus tradiciones. Su lucha por mantener la tradición del canto se junta con su lucha por recuperar y mantener el ecosistema de las marismas.
Pese a que la profesión de cantante no es aceptada en Irak, Abu Haider es famoso en todo el país, y muy respetado dentro de su comunidad.

Es delgado, y su piel está tostada por el sol. En uno de sus brazos luce un tatuaje, bastante desgastado, con su nombre. Es un vestigio de la época de la guerra entre Irán e Irak, y hubiera servido para reconocer su cuerpo en el caso de haber muerto en combate.
Abu Haider sonríe, fuma y canta. También conduce uno de los mashoofs que nos llevan hasta nuestro alojamiento por una noche. Es capaz de navegar los humedales casi con los ojos cerrados; aunque ya no vive en las islas artificiales de las marismas, conoce el camino de memoria.
TÉRMINOS IMPORTANTES SOBRE LAS MARISMAS

- Mudhif: Es la vivienda típica de la zona, que suele medir unos 2 metros de ancho y unos 6 metros de largo, con una altura de unos 3 metros. Se construyen junto al agua, en islas artificiales, y se utilizan principalmente como casa de huéspedes o espacio ceremonial
- Raba: Se denomina así a las viviendas residenciales, también construidas con juncos, que tenían dos entradas (la principal, ubicada hacia el norte)
- Kibasha y Dibin: Con estos nombres se denomina a las islas artificiales construidas por los maʻdān. Una kibasha es una isla artificial de cañas, mientras que dibin define a las islas más permanentes, construidas con cañas y barro
- Mashoof: Son las embarcaciones tradicionales, que se utilizaban para la pesca y el transporte de personas y mercancías. Es una canoa larga y estrecha, construida con junco y con madera de morera o cedro, perfecta para navegar entre los juncos. Su origen se remonta a la época sumeria; en las ruinas de la ciudad de Ur se encontró uno y aparecen representados en cilindros sumerios y babilónicos. Antiguamente se movían con un remo, pero en la actualidad se mueven tanto con remo como con un motor
- Tarada: Son canoas de madera y junco, más grandes que el mashoof, que se llevan con una pértiga. Se utilizaban para transportar a los jeques importantes de las marismas
UNA NOCHE EN LAS MARISMAS DE MESOPOTAMIA

Llegamos a Chibayish desde Ur, donde habíamos visitado el famoso Zigurat. Chibayish como tal no tiene nada; es una ciudad de unos 30.000 habitantes, ubicada a orillas del Éufrates, que destaca por ser el punto de partida para visitar las marismas.
Allí nos esperaba Abu Haider con su familia, quienes nos explicaron cómo es la vida en las marismas y nos invitaron a comer. En el mudhif nos sentamos todos en el suelo, a disfrutar de masgouf, el pescado a la brasa típico de Irak, mientras hablábamos con la familia.
Después de comer, dimos una vuelta en barco por las marismas, y nos llevaron hasta el mudhif en el que pasaríamos la noche.

La isla artificial no tiene luz, nos apañamos con el fuego que habían encendido, con la luz de la luna y, más tarde, con las linternas de los móviles.
Allí nos instalamos junto al fuego, cenamos, charlamos, reímos, celebramos el cumpleaños de una de las compañeras del viaje y, en un momento dado, nos fuimos todos a dormir.
Dos de los chicos que nos acompañaron hasta allí también pasaron la noche en la isla, fuera del mudhif, durmiendo al raso junto al fuego.
Ninguno nos esperábamos el paraíso y desde luego, no lo fue. La mayoría dormimos poco y bastante mal. El mudhif estaba bastante destartalado y allí dormimos todos como pudimos, con frío y el ruido de mosquitos, ranas y búfalos durante toda la noche.

Además, el “baño” era una especie de caseta cerrada por una cortina y con un agujero en el suelo. Como es lógico, no estaba cerca de la entrada del mudhif, si no que tenías que caminar unos metros por una zona llena de barro y fango.
Sin embargo, todos coincidimos en una cosa: fue una de las mejores noches del viaje.

Al día siguiente, nos despertamos antes del amanecer. En el horizonte, una columna de humo nos indicaba que, no muy lejos de allí, estaban quemando petróleo. Los hombres que nos habían traído hasta aquí el día anterior recogieron las esterillas, cojines y mantas que habíamos usado para dormir, metieron nuestras mochilas en sus mashoofs y nos llevaron a dar una vuelta por las marismas. Aunque debo decir que, después de haberlas visto al atardecer, de día pierden bastante…
Después de un buen rato recorriendo las marismas, nos llevaron de vuelta a casa de Abu Haider. Allí desayunamos (leche de búfala, tahini, sirope de dátiles…), y nos despedimos de nuestro anfitrión y su familia.
Tras haber podido conocer de primera mano la vida en las Marismas de Mesopotamia, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Nayaf, una de las ciudades sagradas de Irak.
Espero que hayas disfrutado de este relato sobre un lugar único en Irak. Si te interesa visitarlo (o simplemente tienes curiosidad por saber qué hay), puedes consultar todos mis posts sobre este increíble país:
- 8 lugares imprescindibles que ver en Irak
- Qué ver en Bagdad
- Historia de Babilonia
- Qué ver en Babilonia
- Lalish, la ciudad sagrada del yazidismo
- El Zigurat de Ur
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