Resumen Viajero

Resumen (no tan) viajero 2020

Resumen (no tan) viajero 2020

Puede parecer un poco absurdo escribir un resumen viajero de este 2020, pero lo llevo haciendo cada año desde que empecé con el blog en 2017, así que ¿por qué no? Quizá no hayamos viajado mucho ni muy lejos, pero 2020 nos ha enseñado muchas cosas…

2020 ha sido un año difícil para todos. No me voy a recrear en lo que hemos sufrido, en las personas que han fallecido, las que han perdido a familiares, sus trabajos, sus negocios… Por suerte, yo no he perdido ninguna de estas cosas, así que me siento una privilegiada.

Vale, este año no he viajado a países lejanos tan increíbles como Canadá, Tailandia, Turquía o Egipto. No he tenido que cambiar de moneda como en los años anteriores, no he escuchado idiomas desconocidos ni he probado platos nuevos; tampoco he tenido que adaptarme a costumbres y tradiciones desconocidas para mí.

Pero si he ahorrado dinero, he retomado los estudios, he cocinado nuevos platos, he hecho las maletas para cambiarme de casa y he creado mis propias costumbres a lo largo de estos 12 meses.

Templo de Debod, uno de los sitios de Madrid que más he visitado este año

¿Te vienes a descubrir este año (no tan) viajero?

Como cada año, enero es un mes en el que me quedo en Madrid, ahorrando un poco y esperando a que el tiempo mejore un poco para volver a viajar. 2020 no empezó especialmente bien en algunos aspectos personales, así que necesitaba quedarme en casa y pensar, desconectar y centrarme en mí.

También en enero disfruté del Birratour, las Cañas Viajeras de Chapka y de un montón de actividades en torno a Fitur, donde cada año nos juntamos un montón de viajeros para hablar de lo que más nos gusta… Dónde quedaron todos los viajes que planeamos en ese intenso fin de semana…

En febrero, un mes en el que normalmente no suelo viajar, mi amiga Alba y yo nos escapamos a BÉLGICA, un país que yo ya conocía, pero al que me encantó volver. Durante 5 días descubrimos Brujas, Gante y Bruselas, sin imaginarnos que iba a ser el último  viaje internacional del año

Puente de San Bonifacio en Brujas, sin saber lo que se nos venía encima…

En Bélgica bebimos cerveza, comimos patatas fritas, carbonade, gofres… y chocolate, mucho chocolate. Paseamos por la preciosa ciudad de Brujas, para mí, la más bonita del país; descubrimos la maravillosa Gante, una ciudad que no visité en mi Interrail, y visitamos Bruselas, la capital de Europa, donde viví la experiencia de tener que renovarme el DNI en el extranjero.

Poco después llegó marzo, ese mes que todos recordaremos por tenernos que quedar 15 días en casa confinados y que finalmente acabó convirtiéndose en un confinamiento de más de 2 meses.

El Coronavirus, ese virus que estaba pululando por China desde diciembre y al que no dábamos importancia, llegó a Europa y se convirtió en una palabra que utilizábamos a diario en nuestras conversaciones… Covid-19, cuarentena, confinamiento, resiliencia, PCR, antígenos, resistiré… ¿Quién nos iba a decir que estas palabras empezarían a formar parte de nuestro día a día?

Vilanova i la Geltrú, uno de mis viajes de agosto

Durante los meses de marzo y abril estuve teletrabajando, terminé un curso de Especialista en Marketing al que me apunté en 2019, hice varios cursos, leí, escribí en el blog, hice muchas (demasiadas) videollamadas, aplaudí cada día a los sanitarios desde mi ventana, comí, bebí, hice deporte, cociné, vi muchas películas y series…

En definitiva, pasé 2 meses intentando sobrevivir a una situación que a todos nos parecía irreal, a pesar de leer a diario las noticias sobre contagios, fallecimientos, ERTEs, cierres de negocios, restricciones…

Vistas desde mi antiguo piso durante el confinamiento

También me tocó hacer gestiones para cancelar mi viaje a París y Disneyland, pensando que sería el único del año que me tocaría cancelar… Ilusa de mí… Y, por si el confinamiento no hubiera sido suficiente, le diagnosticaron diabetes felina a mi gato, así que desde entonces he tenido que pincharle insulina 2 veces al día…

En mayo tuvimos que vivir un MADRID sin eventos en Las Vistillas ni en la Pradera de San Isidro, pero empezamos a salir a pasear, a disfrutar de cosas tan simples como recorrer calles de nuestros barrios que no conocíamos y a poder relacionarnos con gente (eso sí, gente que viviera en un radio de 1 kilómetro de nuestra casa…).

Mis primeros paseos por Madrid tras el confinamiento

A partir de junio nos metimos de lleno en esa llamada Nueva Normalidad, nos acostumbramos a llevar siempre mascarilla, a lavarnos las manos mil veces, a no dar besos y abrazos a nuestros familiares y amigos… Aprovechamos las terrazas como nunca lo habíamos hecho, disfrutamos de las pequeñas cosas, de los planes que ofrece nuestra ciudad y que siempre dejamos para otro momento…

Así, redescubrí Madrid y visité sitios como la Muralla Árabe, el Templo de Debod o el precioso Parque del Retiro. Quedé con amigos para desayunar, para comer, para beber, para pasear, para cenar y aproveché para hacer muchas de las 50 cosas que hacer en Madrid al menos una vez en la vida

Muralla Árabe y Catedral de la Almudena de Madrid

Y llegó julio, y todos necesitábamos salir de Madrid, así que me fui a Asturias con amigas. Allí me bañé en las frías playas del Cantábrico, visité ciudades y pueblos preciosos, me quedé maravillada con los Lagos de Covadonga e hice senderismo en la Ruta del Cares.

Durante 8 días disfruté muchísimo de ASTURIAS, de la libertad, de la comida, de la tranquilidad, de las playas, de levantarnos tarde y decidir casi al momento que íbamos a hacer o dónde íbamos a comer y me quité un poco la espinita de no haber podido viajar durante meses

Lago Enol, uno de los Lagos de Covadonga, en Asturias

En agosto seguí descubriendo Madrid y sus alrededores, como la zona del Valle del Lozoya, que ya visité en invierno de 2019. También fui de las primeras personas que disfrutó de Ikono Madrid, una experiencia sensorial perfecta para niños y adultos que, por un momento, hizo que me olvidara del año que estábamos viviendo…

Bosque Finlandés de Rascafría, en la sierra de Madrid

Pero no sólo me quedé en la capital, en agosto también viajé a Barcelona a ver a mis padres y a desconectar de nuevo de la rutina madrileña… Durante 9 días disfruté de la playa, descansé, comí mucho y muy bien, recorrí BARCELONA, visité la preciosa Tossa de Mar y volví por enésima vez a Sitges.

Además, en este verano tan atípico desvirtualicé a algunas de mis personas favoritas de Instagram: David y Alberto de Mi mundo en una maleta e Irene y Javi de Destino Wanderlust.

Iglesia de Sant Bartomeu y Santa Tecla, en Sitges

En septiembre tocó quedarse en Madrid, hacer planes con amigos, descubrir nuevos restaurantes, volver al cine, a los conciertos, a los museos y al teatro y, de nuevo, cancelar otro viaje, esta vez una escapada a Viena con amigas que no hemos cancelado, hemos pospuesto para cuando se pueda volver a viajar…

En octubre me tatué por tercera vez y desde entonces mi hermana Sandra y yo llevamos la palabra Ohana tatuada en el brazo. Ohana significa familia en hawaiiano y es un homenaje a nuestra familia, pero también a nuestro padre, nacido en Hawaii pero que no ha vuelto a pisar esas islas desde 1942…

Casa Batlló, en Barcelona

En noviembre me mudé. Después de 4 años y medio en el barrio de Delicias y de haber pasado el confinamiento de 2 meses en apenas 30 metros cuadrados, cambié de piso, de barrio, de supermercado, de vecinos… Y me fui a vivir cerca de uno de mis sitios favoritos de Madrid, el Templo de Debod, por donde salí a pasear todo lo que pude… Este cambio me ha permitido retomar una de mis aficiones, la decoración.

También en noviembre cancelé el último viaje del año: pasar el puente de diciembre en NUEVA YORK. Hubiera sido mi quinto viaje a mi ciudad favorita y tenía muchas ganas de volver a ver el árbol del Rockefeller, de visitar Dyker Heights, de hacer un buen brunch, de conocer nuevos restaurantes y, con suerte, de ver nevar en Central Park.

Nueva York, un viaje frustrado de este 2020…

Y casi sin darnos cuenta, nos plantamos en diciembre. Parece mentira que, con lo lentos que pasaron los días de confinamiento, este 2020 se me haya pasado volando… En diciembre volví a disfrutar del Mercado de Motores y, como cada año, me instalé en casa de mis padres para pasar las Navidades, esta vez sin hermanas, cuñados, ni tíos y primos de Barcelona…

Durante este último mes he tenido tiempo de reflexionar y de agradecer que este año sólo me haya quitado los viajes, pero me haya permitido mantener a mi familia, mis amigos, mi trabajo… y, sobre todo, mi salud.

Tossa de Mar, uno de mis descubrimientos de este verano

La gente dice que 2020 es un año para olvidar, pero yo soy de la opinión de que todas las experiencias, buenas y malas, nos sirven para aprender, y yo estoy segura de que recordaré estos últimos 12 meses durante mucho tiempo…

No sé qué nos deparará 2021 en relación a los viajes, pero estoy segura de que podré retomar alguno de los que me quedaron pendientes este año…

¡FELIZ AÑO NUEVO VIAJEROS!

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