Pasar una temporada viviendo en Nueva York siempre fue uno de mis grandes sueños. Me enamoré de la Gran Manzana cuando era pequeña y confirmé mi amor por ella la primera vez que la visité. Apenas 1 año después de ese primer viaje, decidí que era el momento de volver y quedarme un tiempo.
Hacía un año que había terminado la carrera, encontrar trabajo de lo mío era imposible y tenía un trabajo temporal que no me aportaba nada.
Había solicitado 2 becas para trabajar en el Metropolitan y en el MoMA y darle un poco de uso a mi licenciatura en Historia del Arte. Pero mientras esperaba la resolución de las becas, un día me dije “Carla, estás muy convencida de que vas a conseguir una de las becas, pero ¿qué pasa si no te las dan?”.
(Spoiler alert: no me las dieron).
Así que a finales de 2008 decidí sacarle partido a mis ahorros de 6 años trabajando a media jornada mientras estudiaba la carrera, me compré un billete sólo de ida y me planté en Nueva York a finales de enero de 2009. En ese momento tenía 26 años recién cumplidos, una licenciatura en Historia del Arte y ni puñetera idea de qué hacer con mi vida.
¿Quieres saber más sobre mi experiencia viviendo en Nueva York?

PRIMEROS PASOS
Antes de irme, actualicé mi CV en inglés, empecé a apuntar páginas web para buscar piso y trabajo, me despedí de mi familia y amigos como si me fuera a la guerra, metí todo lo que pude en una maleta más grande que yo y me fui a la tierra prometida a buscarme la vida.
Lo primero que debo decir es que tengo la suerte de tener doble nacionalidad (española y estadounidense) y, por ende, un pasaporte americano de color azul marino que abre muchas puertas. Es decir, no tuve que pedir ningún visado, ni apuntarme a un curso de idiomas para conseguir quedarme más de tres meses. Podía trabajar desde el minuto 1.
Según llegué, me quedé las primeras dos semanas en casa de mi madrina, una prima española de mi madre que se casó con un americano y lleva más de 30 años viviendo en Manhattan. Una vez instalada en su casa, empecé con los trámites que necesitaba para encontrar un piso, encontrar trabajo, conocer gente… ¡y empezar mi experiencia viviendo en Nueva York!
Necesito un teléfono
En 2009, eso de tener datos en el extranjero o de poder comprar una tarjeta de datos y mantener tu número de teléfono, era imposible, así que el paso 1, absolutamente indispensable, fue conseguir un número de teléfono americano. Me dieron una tarjeta SIM, la puse en mi móvil libre e iba comprando tarjetas pre-pago a medida que las iba necesitando.
En aquel momento, los operadores de teléfono no sólo te cobraban por cada mensaje enviado, si no también por cada mensaje recibido. Entre los mensajes de tus amigos y los cientos de mensajes de publicidad de los distintos operadores, se te acababa el saldo en un abrir y cerrar de ojos… Problemas del primer mundo…

BUSANDO UN LUGAR DONDE VIVIR
Cuando tuve mi número de teléfono, empecé la búsqueda de piso, algo indispensables si vas a estar viviendo en Nueva York. Una de las webs que mejor funcionaba en Estados Unidos para buscar cualquier cosa era Craigslist. Aquí podías encontrar piso, trabajo, juguetes para tu perro, ropa de segunda manos, y hasta una cita.
Era una especie de mezcla entre Amazon y Wallapop, pero allá por 2009… Ojo, que hay gente que ha muerto asesinada por quedar con otros a través de Craigslist, pero por suerte, no fue mi caso. Por lo que veo, Craigslist en 2020 sigue teniendo la misma interfaz horrorosa que tenía entonces, así que puedes imaginar lo tediosa que fue la búsqueda de piso…
¿Cuántos pisos visité antes de encontrar el definitivo? Incontables…
Un apartamento en la segunda planta de una casa en Brooklyn, en un barrio más allá del mundo conocido y con vistas al cementerio… Una cama en un railroad apartment casi en Harlem, en la que compartía con otra chica una habitación que, a su vez, hacía de pasillo para la habitación del fondo…
Un piso en una vivienda de protección oficial en la que, según el anuncio, se buscaba a alguien que hablara inglés y español, pero la realidad era que el alquiler era tan bajo a cambio de cuidar a una anciana dominicana, que prácticamente ni hablaba ni se movía…
Mi casita en Nueva York
A día de hoy, estos son los que recuerdo, pero hubo unos cuantos más… Hasta que di con EL apartamento. Estaba en el Upper West Side, en la esquina de West 109 street y Amsterdam Avenue. Tenía un salón, un den (lo que viene siendo una salita de estar), una cocina separada, 3 dormitorios y 1 baño. ¡Era enorme! Todas las estancias tenían ventanas a la calle y desde mi habitación en esa 5ª planta de un pre-war building tenía vistas a la Catedral de St. John the Divine.
Además, en la planta baja tenía un local pintado de rojo, ¡tenía mi propio apartamento de “Friends”!
Mis compañeras de piso (2 chicas americanas, una cristiana y una judía) me contaron una historia curiosa. Cuando Barack Obama se trasladó a Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia, allá por 1981, había alquilado un piso en esa misma calle; pero al llegar a la ciudad no pudo contactar con su compañero de piso, así que acabó pasando su primera noche en la ciudad durmiendo en un callejón en la calle.

Como no sabía cuánto tiempo me iba a quedar viviendo en Nueva York, no quería firmar un contrato de 1 año. Tuve la suerte de que con mis compis de piso esto fue muy fácil. El “contrato de alquiler” era un email en el que básicamente se decía que yo pagaría cada mes hasta que me quisiera ir. Sin fianza, sin aval, sin nada…
Eso sí, la única pega es que la habitación no estaba amueblada, así que fui a una tienda de muebles, me compré una cama queen size, un escritorio y listo. La verdad es que tampoco me hacía falta más… Tuve suerte y pude vender esos muebles al novio de una de mis compañeras de piso, por lo que tampoco fue una inversión muy grande.
Descubriendo el barrio
El piso tenía varios supermercados cerca de casa y me fascinaba todo lo que vendían en ellos, sobre todo el hecho de que hubiera mucha comida para solteros, algo que en España no había visto jamás. Raciones individuales, botellas de leche desde medio litro hasta 4 litros, unas galletas deliciosas que compro cada vez que voy a Nueva York…
Mi dieta allí no era muy sana, no nos engañemos, pero lo compensaba caminando mucho… Cada semana recorría parte de Central Park, desde las zonas más famosas a las menos conocidas, y me encantaba perderme por las calles de los barrios del sur de Manhattan: el Village, Meatpacking District, SoHo, Lower East Side… Tener Central Park cerca de casa fue de lo mejor que tenía viviendo en Nueva York…

UPS, NECESITO UNA CUENTA BANCARIA
El siguiente paso fue abrir una cuenta bancaria. En la esquina donde se encontraba el que fue mi banco durante esos meses ahora hay un supermercado asiático. Pero recuerdo perfectamente salir de allí en 2009 con una cuenta bancaria y una chequera. ¡Era la primera vez en mi vida que tenía cheques! La primera y la última… Los usé únicamente para pagar el alquiler, pero me parecía algo emocionante (aunque poco práctico teniendo ahora cosas como Bizum…).
Con mi cuenta bancaria podía sacar dinero de cajeros, pagar con tarjeta y, sobre todo, tener una cuenta estadounidense en la que cobrar una nómina cuando encontrara trabajo. Con lo fácil que es ahora con tarjetas tipo Bnext o Revolut…
BUSCAR TRABAJO EN PLENA CRISIS
Si tienes nacionalidad americana, para buscar trabajo en Estados Unidos necesitas la tarjeta de la Seguridad Social. Yo ya la había solicitado previamente en la Embajada de Estados Unidos en España. Así que, con mi número de teléfono americano, mi cuenta bancaria y mi tarjeta de la Seguridad Social, me fui a una Oficina de Empleo a darme de alta como demandante de empleo.
La que me tocaba a mí estaba en Harlem. Cuando salí del metro y empecé a caminar por la calle 125 lo que más me alucinó era que muchos chicos iban con el radiocassette al hombro, como si fueran el Príncipe de Bel-Air, pero por lo demás, esa zona de Harlem me pareció un barrio de lo más normal.

Después de unas horas en la Oficina de Empleo, haciendo cola para mi turno, explicándoles mi situación (estadounidense nacida en España, con pasaporte y tarjeta de la Seguridad Social en regla buscando trabajo en Nueva York en medio de una crisis económica mundial) me hicieron algunas preguntas sobre mis habilidades, sobre lo que estaba buscando y me dijeron “Ya te llamaremos”. ¿Me llamaron? Obviamente no…
En mi caso, trabajar en Nueva York era más fácil que para otras personas: no necesitaba un visado, ni un permiso de trabajo, ni tenía que estudiar un mínimo de 20 horas a la semana para estar en el país de manera legal. Hice algunas entrevistas, sobre todo en tiendas de ropa, pero no conseguí encontrar nada. Decidí que, como tenía dinero ahorrado, me dedicaría a conocer gente, mejorar mi inglés y disfrutar de la ciudad.
Además, el marido de mi madrina me “contrató” para darle clases particulares de español, así que algunos días quedábamos para comer y hablábamos en español; no lo voy a negar, solíamos ir a comer a sitios que yo, por mi cuenta, no me hubiera podido permitir, aunque también acabamos una noche en el famoso Coyote Ugly bebiendo cerveza…

CONOCER GENTE EN NUEVA YORK
Aunque es una ciudad enorme y llena de gente de distintos países, no siempre es fácil hacer amigos en Nueva York… Los neoyorquinos están MUY obsesionados con el trabajo, curran muchas horas diarias y lo primero que te preguntan cuando te conoces es «What do you do?» («¿A qué te dedicas?»).
Y yo, que en ese momento no me dedicaba a nada, no podía decir «I do nothing», así que les contaba un poco mi vida y que pensaran lo que quisieran… ¿Resultado? Hice muy buenos amigos allí, pero sólo 2 eran estadounidenses: mis dos compañeras de piso, una de Nueva York y la otra de Maine.
Voluntariado
Un día encontré en Craigslist un voluntariado para una galería de arte en el que buscaban gente que les ayudara a montar una exposición de arte contemporáneo en uno de los muelles del río Hudson. Fue una de las mejores cosas de mis 5 meses viviendo en Nueva York.
Gracias a este voluntariado, conocí a una arquitecta australiana y a dos chicas italianas que me presentaron a algunos de sus amigos. Con ellas tuve mi primer contacto con la noche neoyorquina, ya que fue la primera vez que salí a un bar a tomar algo por la noche, y descubrí que puedes volver a casa en metro a las 4.00 de la mañana…
También con las chicas italianas fui a mi primera fiesta en un apartamento neoyorquino, a la que llevé cerveza y en la que conocí a bastante gente, además de acabar posando para una exposición de ombligos que hacía una chica japonesa. Nunca supe dónde acabó la foto de mi tripa y de mi ombligo…
Después de una semana ayudando a organizar la exposición, me volví a quedar sin nada que hacer. Viendo que encontrar trabajo iba a seguir siendo algo complicado, decidí apuntarme a una academia de inglés, no sólo para conocer gente, si no también por sentirme ocupada.

OTRA VEZ A ESTUDIAR INGLÉS
Miré varias academias y me apunté a una que se encuentra muy cerca de Empire State Building. Cada día veía ese maravilloso edificio al salir del metro… Así empecé mis 3 meses de curso de inglés nivel C2 en ALCC American Language, donde coincidí con gente de diversas nacionalidades, lo cual para mí era algo maravilloso.
La mayoría de ellos trabajaban en bares o discotecas: un francés, un egipcio, un mexicano, un eslovaco, una francesa… Otros, venían con becas como las del MEC para el profesorado: una belga, un japonés, una española… También había una chica polaca que trabajaba de au-pair en Nueva Jersey y una rusa que vivía con una familia de Staten Island. ¡Incluso una japonesa que trabajaba como escort! (si, has leído bien, como escort).
Era un panorama de lo más diverso y en las clases muchas veces hablábamos de nuestros países y nuestras costumbres, otras de por qué los americanos no quieren renunciar a su derecho a tener armas… Bueno, y aprendíamos gramática, claro… Al salir de la academia íbamos a tomar algo, o a ver el Desfile de Saint Patrick’s Day o la Easter Parade en Semana Santa…
Nuevos amigos
A través de la chica española de mi clase conocí a otros españoles que estudiaban en la misma academia pero en otros niveles, y una de ellas es, a día de hoy, una de mis mejores amigas. Con ella visité Atlantic City y las Cataratas del Niágara, pero durante mis 5 meses viviendo en Nueva York visité varios sitios más: Coney Island, Boston, Washington DC, Annapolis, Connecticut…
Eso sí, cuando vives en una ciudad cara y tienes poco dinero, tienes que buscarte la vida. Así que siempre íbamos a sitios con Happy Hour, bares con cervezas a $1, bares en los que te daban un hot dog con cada consumición o la discoteca en la que trabajaba uno de los chicos de mi academia y en la que nos invitaba a las bebidas.
Vinieron a verme dos amigas desde España, también vinieron mis padres y mis amigos españoles se fueron yendo cuando se acabaron sus becas…

TENGO GANAS DE VOLVER A CASA
Y llegó un momento en el que a mí se me acabaron las ganas, tenía morriña de España, necesitaba volver a casa. Había dejado un trabajo fijo (que no me gustaba, pero que me daba dinero), a mi familia, a mis amigos…
Resulta curioso que, cuando llegó el buen tiempo, en lugar de querer quedarme en Nueva York y disfrutarlo, quería irme. Y es que echaba de menos los afterworks, las cañas en terrazas, salir a mediodía a tomar el aperitivo y que te dieran las 11.00 de la noche…
Así que hablé con mis compañeras de piso, vendí los pocos muebles que tenía, compré un vuelo de vuelta a España, me despedí de los amigos que quedaban, y a finales de junio volví a casa.
Mi experiencia viviendo en Nueva York había llegado a su fin y yo había podido experimentar cómo era buscarse la vida en el extranjero. Fue lo más parecido al Erasmus que nunca hice durante la carrera (no porque no quisiera, ojo, que lo estaba deseando, si no porque en mi carrera lo pedía muchísima gente y aquí una hablaba muy bien inglés, pero de notas iba justita…).
QUÉ PASÓ CUANDO ME FUI
Poco después inauguraron el High Line y, años después, han ido construyendo nuevos rascacielos y abriendo nuevos miradores. Han vaciado los escombros de la Zona 0 y han construido un museo, el One World Trade Center, además del Oculus de Calatrava. Se han puesto de moda barrios como Williamsburg o Bushwick,
Ha cerrado el Toys ‘R Us de Times Square con su famosa noria, han cambiado de sitio la tradicional FAO Schwartz. Han abierto nuevas tiendas y restaurantes, se han construido nuevos barrios como Hudson Yards, con lugares como The Vessel o el nuevo observatorio Edge…
Tardé 7 años en volver a Nueva York después de ese viaje y me pasó una cosa muy curiosa: sentía que la ciudad había cambiado muchísimo pero, al mismo tiempo, estaba completamente igual. Olía igual, sonaba igual… Después de 7 años, Nueva York seguía siendo MI ciudad.

Espero que hayas disfrutado de mi experiencia viviendo en Nueva York.
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¡Me ha encantado amiga! Aunque la situación era distinta, me ha recordado mucho a cuando me fui a vivir a Belfast. Cómo me gustaron esos primeros momentos y esas primeras sensaciones 🙂
La verdad es que me encantaría poder vivir durante algún tiempo en NY
Siiii, son esos momentos de no saber ni por dónde empezar, jajaja, pero luego te llevas buenísimos recuerdos <3